Crónica Viaje a la Casa de Jane Austen: Dia 2 (V) – Conferencia del Prof. John Mullan: “Cómo habla la gente en las novelas de Jane Austen”


(Viene de Crónica I, Crónica II, Crónica III y Crónica IV…)

Y llegó, por fin, la esperada charla del Prof. John Mullan, la tarde del sábado 8 de Julio, bajo la carpa instalada en los jardines de la Casa Grande de Chawton. Nos iba a hablar sobre “Cómo habla la gente en las novelas de Jane Austen”. Y no os podéis imaginar lo divertida que fue. El Prof. Mullan nos hizo reír a carcajadas, bien cuando emulaba a la Sra. Norris, o a la Sra. Elton, o a la mismísima Lady Catherine de Bourgh. Nos hizo participar intentando adivinar quién era quén decía qué, y sobre todo, de qué manera. Fue de estas charlas que, cuando acaban, además de haberse hecho corta y amena, uno se queda con ganas de mucho más. Y, por supuesto, habiendo aprendido a mirar y especialmente a leer a Jane Austen, de otra manera.

Os voy a intentar traer aquí las ideas principales y los datos (sí, ¡datos! muy curiosos) que aprendimos en esta sesión. ¡Vais a flipar!

La charla empezó haciendo referencia al nuevo billete de 10 libras que se emitió en 2017 con motivo del Bicentenario de Jane. Bajo el rostro de la escritora, una frase: “Declaro que, después de todo, no hay entretenimiento mejor que la lectura“. Pero ¿es ésta una frase de Jane Austen? …(os dejo pensar……)

¿O sería acaso de Lizzy Bennet, su heroína más conocida? En realidad, ni de una ni de otra, pero sí de la novela Orgullo y Prejuicio. ¿Se trata de una frase solemne, de una afirmación incuestionable? (…. pensemos…) ¡Pues tampoco! El nuevo billete con Jane Austen lleva impresa la ironía de la escritora, lo que, sin duda, mejor la define.

La frase corresponde a Caroline Bingley en un intento de congraciarse con el Sr. Darcy al empezar a percibir la naciente admiración de éste por Elizabeth Bennet. Tan sólo un par de capítulos antes Caroline se había burlado de Lizzy por su afición a la lectura, y se le había olvidado mencionar, entre las cualidades que debía tener una muchacha bien educada, su gusto por los buenos libros. Algo que el propio Darcy le recordó que debía ser imprescindible, como algo más “sustancial, que mejoraría su mente a través del gusto por leer ampliamente”.

Por lo tanto, los austenitas de pro saben que la frase de Jane Austen (o de Caroline Bingley) impresa en los billetes de 10 libras se corresponde con alguien incapaz de leerse un libro al mes, o incluso al año… Otra pista sobre la ironía de esta frase se encuentra en el propio principio. ¿Quién, en su sano juicio, empezaría diciendo “Declaro que…”? Sin duda, alguien que no cree en absoluto en lo que va a decir. Muy probablemente por eso mismo, Darcy la estaba ignorando completamente ante tan pomposa “declaración” de “intenciones”.

Todos los personajes creados por Jane Austen tienen su forma característica de hablar, y es algo que se puede decir es una de las genialidades de la escritora. No fue hasta los años 40 del S.XX que los lingüistas denominaron a esto “idiolecto”, que no es ni más ni menos que todas esas coletillas, tonos, palabras con las que cada uno de nosotros adaptamos nuestro idioma a nuestra personalidad, a nuestra única e individual forma de ser. A veces, tan sutiles, que pueden pasar desapercibidos pero que, sin duda, nos identifican y definen ante nosotros mismos, y ante los demás.

La propia Jane Austen “pensaba” cada uno de sus personajes con una forma muy específica de “idiolecto” o lenguaje individual. En 1813, Jane escribió a su hermana para contarle que ella y su madre habían estado con su vecina, la Srta. Benn, leyendo Orgullo y Prejuicio. Y no quedó nada satisfecha con la manera en que su madre lo había hecho, demasiado rápido y sin la debida entonación. “Aunque conoce los personajes perfectamente, no los hace hablar como deberían”.

Quizás, cómo hace hablar Jane Austen a sus personajes se merece desde hace tiempo bastante más horas de estudio. Y también de herramientas. Y eso es lo que hizo otro profesor australiano, J.F. Burrows, quien se sirvió de los incipientes programas de ordenador más avanzados en 1987 para llevar a cabo una investigación que publicó en Oxford University Press con el título “Computation into Criticism. A study of Jane Austen’s novels and an experiment in method“. En este estudio se presentan datos y gráficas, resultado de un análisis estadístico, en el que se evaluaban los usos de las 30 palabras más utilizadas por los personajes de Jane Austen. Pero obtuvo muchos más datos sorprendentes no solamente sobre cómo hablan sus personajes, sino cuánto.

La novela con mayor uso de discurso directo es Emma, con un 49,8%, seguido por Orgullo y Prejuicio, con un 46,7%. La que menos, Persuasión (la más íntima, también), con un 35%. No es sorprendente que esta última novela sea la que más nos conmueva, al tratarse en su mayor parte de discurso desde la conciencia, desde los pensamientos de Anne Elliot, alguien que se dedica más a escuchar que a hablar, en contraste con Emma o Lizzy.

¿La heroína de Jane Austen que más habla? Emma. En su novela más extensa, más de un cuarto del diálogo de la misma se lo otorga a su protagonista. Un poco menos de un cuarto es lo que ocupa Lizzy. Curiosamente, los dos caballeros Austen de estas novelas, el Sr. Knightley y el Sr. Darcy, quedan subordinados a sus respectivas protagonistas femeninas exactamente en la misma proporción: el 47%. Y eso lo hizo Jane Austen sin ordenador ni matemáticas.

En todas las novelas de Jane Austen la voz principal es la de la heroína, excepto en Mansfield Park. La pobre Fanny habla menos que Edmund, Mary y Henry Crawford, o incluso que la Sra. Norris. Tan sólo un 10%. Y, sorprendentemente, el segundo protagonista más hablador de todos los creados por Jane es, precisamente, Edmund quien, al igual que Emma, en primer lugar, hablan mucho y piensan poco, o no demasiado acertadamente.

Aunque ya teníamos la impresión de que la Srta. Bates en Emma hablaba mucho, el personaje que hace las frases más largas de todas las novelas de Jane Austen es ni más ni menos que el mismísimo Sr. Collins ¿verdad que no nos extraña?

Del estudio del Prof. Burrows se desprenden muchos más resultados: ¿sabéis quién es quien utiliza más las palabras “nosotros”, “nos”, “nuestros”? Pues alguien tan generoso y afable como el Almirante Croft, cuñado de Frederick Wentworth, en armonioso matrimonio con su amada Sra. Croft. Seguramente no os sorprenderá quién es el personaje que, al contrario, los utiliza con menos frecuencia…. Sí, probablemente el más egoísta: Lady Catherine de Bourgh, y no precisamente por ser viuda (no olvidemos que tiene una hija a la que no incluye en sus planes.. ni en su lenguaje), sino por su enorme ego que no le permite más que hablar en su único y sólo nombre.

El trastorno hipocondriaco del Sr. Woodhouse, padre de Emma, se convierte también en obsesivo compulsivo en el uso de la palabra “muy” (very)

Pero no solamente el uso de palabras, sino de ciertas “coletillas” o frases nos hablan también de los personajes. La de la Sra. Bennet es “estoy segura” (I am sure), que revela de nuevo la ironía de Austen, pues la madre de Lizzy es probablemente una de las personas menos seguras de cualquier cosa que diga. Ése “estoy segura” ha de ir, además, acompañado de cierta entonación enfática con la intención de aparentar aún más de lo que realmente es. Austen intencionadamente pone en boca de la Sra. Bennet la frase “estoy segura” cuando lo que va a ocurrir es, precisamente, algo que no tiene que ver con lo que quiera que sea que haya afirmado.

Pero no perdamos tampoco de vista a la manipuladora Emma. Su “coletilla” favorita no podía ser otra que un “como tu ya sabes” o “ya sabes”: “..sabes que no puedo estar más en desacuerdo…”; “Ya sabías que lo habíamos acordado…”; cuando probablemente su interlocutor no tenía ni idea, pero de esta manera le queda atribuida cualquier responsabilidad sobre decisiones tomadas, muchas veces con cierta torpeza, por ella solita. Jane Austen, en la novela con la que probablemente más se divirtió escribiendo, puso a Emma frente a su propio espejo. A la única protagonista que no puede doblegar, aunque ya le habría gustado, es a la Sra. Elton quien, casualmente, utiliza la misma expresión que ella casi con la misma frecuencia. El debate dialéctico y psicológico está servido entre ambas.

También es interesante ver cómo la autodescripción de los personajes normalmente refleja aquello que, precisamente, no son. Y aquí, la artista de todos los personajes Austen, es la Sra. Norris: “Oh… ¿qué puedo hacer?… Siempre estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario por el bien de aquellos a los que amo…”. Incluso es posible que ella misma se lo crea. Pero la que no pierde ocasión para decir a los demás cómo es, con falsa modestia, o con un descaro hiriente, es Mary Crawford que, además, suma sus buenas dosis de “como ya sabes..”. En la parte masculina, su hermano Henry se hace eco del mismo idiolecto.

Jane Austen fue brillante para inventar una forma de hablar que por un lado anuncia y por otro individualiza a cada uno de sus personajes, de manera que nosotros mismos podemos decidir, a través de su lenguaje, de qué tipo de persona se trata. Y también muestra cómo unos personajes se escuchan unos a otros. Recordemos una de las escenas geniales (con permiso de la primera declaración de Darcy a Lizzy en Orgullo y Prejuicio), cuando el Sr. Knightley reprende a Emma por haber insultado a la Srta. Bates, y la informa de cuál ha sido la reacción de ésta a tales insultos: “Me gustaría que la hubieras escuchado cómo hablaba de ello, con candor y generosidad“. Ese deseo sincero probablemente también era el de la propia Jane Austen: uno de los grandes placeres de sus novelas es entender y saber exactamente cómo hablaban sus personajes.

Éste ha sido solamente un resumen. El texto completo lo podéis leer en

Report 2017, The Jane Austen Society 2017, pp. 72-85

Después de salir flotando de esta charla, a Marina y a mí tan sólo nos quedó seguir comentándola durante horas, mientras paseábamos por Chawton y dedicir, finalmente, ir a cenar frente a la casa de Jane Austen. Y prepararnos para, al día siguiente, salir hacia Londres, a seguir visitando los sitios de Jane.

La AGM terminó, muy oportunamente, con un servicio religioso en la Iglesia de San Nicolás, donde Henry ejerció como cura, y que ya os hemos enseñado en su parte exterior (donde están las tumbas de ambas Cassandras), en las entradas previas…

Bye Chawton… El placer ha sido TAN GRANDE….

Próxima parada: Última parada en Chawton Cottage, la casa de Jane, y los sitios de Jane en Londres.

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