Se me eriza el vello cuando pienso que hoy, hace doscientos años, Jane Austen empezaba a escribir su novela Emma. Mansfield Park había sido aceptado por Egerton en Noviembre de 1813  para su publicación. Ese mismo mes apareció la segunda edición de sus dos libros anteriores, Juicio y Sentimiento, y Orgullo y Prejuicio.

El 1813 fue sin duda un año de intensas emociones para Jane Austen. Por un lado, en el mes de Abril falleció su querida cuñada, Eliza de Feuillide, esposa de su hermano Henry, y que tanta inspiración aportó a sus novelas (ver entrada aquí), pero por otro lado su segundo libro había sido un éxito rotundo pues en menos de un año volvía a editarse, y había cerrado las negociaciones para la publicación del tercero -Mansfield Park, en Mayo de 1814-.

Sin duda Jane Austen debía de tener lo que ahora llamamos un “buen subidón”. Le suponía reconocimiento de un talento que ella sin duda era consciente que poseía y por el que apostó arriesgando su estatus financiero y social, y también significaba cierta independencia económica. Con ese ánimo, os podéis imaginar cómo se dispuso a escribir la que sería su siguiente novela, Emma. Un auténtico contraste con Mansfield Park. A mí, personalmente, una novela que me gusta muchísimo. Por cierto, ¿habéis votado ya cuál es vuestra novela de Jane Austen favorita? Si no lo habéis hecho, id AQUÍ.

Pues lo dicho: tomaros una buena tacita de té e imaginaros a Jane sentada en su mesa de Chawton, empezando a escribir las primeras líneas de Emma:

“Emma Woodhouse, guapa, inteligente y rica, con una hogar confortable y una disposición risueña, parecía reunir en su persona algunas de las mejores bendiciones de la vida; y había vivido veintiún años en el mundo con poco que la hubiera disgustado o molestado.

Era la más joven de las dos hijas del padre más afectuoso e indulgente y, como consecuencia del matrimonio de su hermana, se había convertido en la señora de su casa desde muy temprano… (…/…)”

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