Carta de Jane a Cassandra. 9 Diciembre 1808. Se acerca la Navidad. Cassandra sigue en Godmersham y ya se preparan para su traslado a Chawton.


Dentro de pocos días Jane cumplirá 33 años, pero no se hace mención alguna en la carta, excepto en el momento en el que Jane acude a un baile y dice “sentirse avergonzada por ser mucho mayor”. Ya han dado la noticia de su marcha a Chawton, lo que ha provocado que sus vecinos las visiten con más frecuencia, les den más conversación y que su entretenimiento haya aumentado.

Como ya comenté en otra carta, Jane no parecía estar muy infeliz en Southampton. Al menos no tanto como en Bath. Y el estilo de vida era más parecido al que llevaba en Steventon, tan a su gusto. Como pronto se marchará de nuevo al campo, piensa pasarlo tan bien como pueda, y eso para Jane significa bailar, bailar y bailar…. y reirse, sobre todo de sí misma.

Los asuntos de la herencia de la madre de Jane no han quedado muy claros, pero al menos sus tíos le van a pasar una pensión anual a James. Eso sí, como regalo, que además les hacía quedar muy bien respecto a sus “buenas” intenciones.

Podemos ver que Jane no ha perdido su encanto e incluso tiene algún pretendiente… que no habla bien el inglés (casi nada). Así que entre el poco inglés de su pretendiente, y el poco francés que había practicado ella con su prima Eliza, el cortejo debió estar de lo más entretenido. Eso sí, Jane ni siquiera llegó a saber cómo se llamaba su pareja de baile. Como diría ella misma de su hermano Henry… “¡Oh, What a Jane!”

Carta de Jane a Cassandra  (Jane tenía 32 años)

Viernes 9 de Diciembre de 1808

De Southampton a Godmersham

Muchas gracias, mi querida Cassandra, a ti y al Sr. Deeds por vuestra redacción conjunta tan agradable, que me pilló por sorpresa esta mañana. Él tiene una gran valía como escritor: hace amplia justicia al tema y, sin ser difuso, es claro y correcto; aunque no es mi intención comparar sus dotes epistolares con las tuyas, ni agradecértelo en la misma proporción, lo que sí que es cierto es que tiene una manera muy agradable de desarrollar el conjunto, y de acelerar el conocimiento de la verdad al mundo. “Pero todo esto, como dice mi querida Sra. Piozzi, es diversificación, imaginaciones o tonterías, pues mi marido piensa en grandes barriles, y yo en mis niños pequeños”. Sin embargo, eres tú la que en esta ocasión tiene niños pequeños y yo soy la que tengo el gran barril, pues estamos haciendo de nuevo cerveza. Pero lo que realmente quiero decir es que soy extremadamente boba por estar escribiendo sobre cuestiones tan inecesarias, cuando tengo tantas cosas que contarte que no van a caber en el papel. Probablemente se trate de menudencias, pero sin duda de gran importancia.

Lo primero es que la Srta. Curling esta en Portsmouth, algo que siempre tuve la esperanza de que no ocurriera y, sin embargo, no le deseo nada peor que una larga y feliz estancia por allí. Por aquí, probablemente, sería aburrida y estoy segura de que incluso problemática.

Ya tengo conmigo las pulseras (de su difunta cuñada Elizabeth) y son tal y como las hubiera deseado. Llegaron con la pelliza de Martha, que también ha sido fuente de satisfacción.

Justo después de haber cerrado la última carta que te escribí, nos visitaron la Sra. Dickens y su cuñada la Sra. Bertie, que es la mujer de un recientemente ascendido Almirante. Creo que su primer objetivo era la Sra. Francis Austen (Mary), pero fueron muy amables con nosotras, y la Sra. D., al enterarse de que la Srta. Lloyd (Martha) era amiga de la Sra. Dundas tuvo un motivo más para querer relacionarse con nosotras. Parece una mujer muy agradable: sus modales son  delicados y conoce a muchos de nuestros contactos en West Kent. La Sra. Bertie vive en Polygon, y había salido cuando fuimos a devolverle la visita. Éstas son sus dos virtudes.

Está muy activado nuestro círculo de amistades y ha aumentado el entretenimiento con motivo de nuestra próxima mudanza. Sí, tengo la intención de ir a todos los bailes que pueda, a ver si me hacen un buen precio. Todo el mundo parece afectado por nuestra marcha, y todo el mundo parece conocer Chawton. Hablan de él como un pueblo especialmente bonito, y parecen estar al tanto de la casa que describimos, pero sin entrar en detalles.

Le estoy muy agradecida a la Sra. Knight por tal prueba de interés en mi, y puedo asegurarla de que me casaré con el Sr. Papillon, sin tener en cuenta sus reticencias ni las mías. Le debo mucho más que ese nimio sacrificio.

Nuestro baile (el día 6 de Diciembre en Dolphin Inn) fue bastante más divertido de lo que esperaba. Martha se lo pasó muy bien y yo no miré boquiabierta hasta el último cuarto de hora. Vinieron a buscarnos a las nueve y media, y volvimos poco antes de las doce. La sala estaba bastante llena y había unas treinta parejas de baile. La parte triste fue ver a tantas docenas de jovencitas de pie sin pareja, y cada una de ellas ¡con dos horribles hombros al descubierto! Fue la misma sala en la que bailamos hace quince años. Me acordé de todo y, a pesar de la vergüenza de ser mucho mayor, me sentí agradecida por ser tan feliz ahora como lo era entonces. Pagamos un chelín más por el té, del que podíamos servirnos a nuestro gusto en una salita contigua y muy agradable. Solamente hubo cuatro bailes, y me llegó al corazón que las Srtas. Lance (¡una de ellas también se llama Emma!) solamente tuvieran pareja para dos de ellos. No  esperarás oir que me pidieran bailar, pero sí lo hicieron. En concreto, el caballero que conocimos “aquel domingo” con el Capitán D’Auvergne. Desde entonces hemos mantenido una relación de saludo con ligera inclinación de cabeza y, como me gustaban sus ojos negros, hablé con él durante el baile, lo que me permitió descubrir su educación. Pero no sé cómo se llama. Y parece tan poco familiarizado con la lengua inglesa que creo que sus ojos negros quizás sean lo mejor que pueda encontrar en él. El Capitán D’Augergne ha conseguido un barco.

Martha y yo aprovechamos el buen tiempo que hizo ayer para caminar e ir a hacer una visita de cortesía a Chiswell. Nos encontramos con la Sra. Lance en la casa, sola, y estuvimos con ella durante las visitas de otras tres damas que llegaron casi inmediatamente después. La ida la hicimos por el ferri, y la vuelta por el puente, y prácticamente no nos cansamos.

Edward ha debido de disfrutar de los dos últimos días. Respecto a ti, me imagino que tuviste un viaje “fresquito” hasta Canterbury. Kitty Foote vino el miércoles y su visita vespertina comenzó lo suficientemente temprano para la última parte, es decir, para la tarta de manzana de nuestra cena, pues ahora no solemos hacerla hasta las cinco.

Ayer tuve, o más bien tuviste, una carta de Nanny Hilliard, con objeto de agradecernos si pudiéramos conseguir un trabajo para Hannah. Lamento no poder ayudarla. Si tu puedes, házmelo saber, pues no contestaré a esta carta

lacasavictoriana.wordpress.com

inmediatamente. El Sr. Sloper se ha vuelto a casar, y no ha satisfecho precisamente ni a Nanny, ni a ninguna otra persona. La dama era la cuidadora de los hijos naturales del Sir Robert (Sloper) y no parece tener ninguna virtud destacable. Sin embargo, no creo que Nanny vaya a perder su empleo como consecuencia de este hecho. No dice ni una sola palabra de qué tipo de empleo desea para Hannah, ni tampoco lo que ésta sabe hacer, pero me imagino que debe de ser de niñera o algo parecido.

Como ya me he librado de las pequeñas noticias que tenía que darte, ahora te voy a comunicar algo que tiene un poco más de importancia, y no menos que mi tío y mi tía le van a dar a James cien libras esterlinas anuales. Hemos tenido noticia de ello desde Steventon. Mary nos envió el otro día un extracto de la carta de mi tía sobre el asunto, en la que la donación se hace con gran amabilidad, y para compensar por la pérdida al rechazar conscientemente los ingresos de Hampstead. Las cien libras es lo que él solía reconocer como su “valor”, pues me he enterado de que siempre tuvo la intención de dividir los ingresos reales de Steventon con Kintbury. Nada puede ser más cariñoso que el lenguaje de mi tía haciendo este presente, así como la expresión de su esperanza de que en el futuro puedan verse con más frecuencia de lo que han podido hacerlo en los últimos años. Mis expectativas respecto a mi madre no mejoran con este suceso. Sin embargo, les dedicaremos algo más de tiempo antes de marcharnos. Si los asuntos de la parroquia no lo evitan, James vendrá el lunes. Los Hulbert y la Srta. Murden son ahora sus invitados, y es probable que lo sigan siendo hasta Navidad. Anna viene a casa el 19. Las cien libras al año se iniciarán el próximo día de la Anunciación.

Me alegro de que Henry vaya a estar contigo otra vez. Con él y los niños solamente puedes tener unas divertidas y, en algún momento, felices Navidades. Martha está tan…. (faltan dos líneas cortadas)

Queremos instalarnos en Chawton en la época en la que Henry pueda venir a cazar, al menos en Octubre. Pero también puede ser un poco antes, cuando Edward venga a visitarnos después de dejar a los niños en Winchester. Digamos que podría ser hacia el cuatro de septiembre ¿no estaría bien?

Tengo solamente una cosa más que decirte. La Sra. Hill visitó ayer a mi madre mientras nosotras estábamos en Chiswell, y durante su visita le preguntó si sabía algo de una familia de clérigos llamados “Alford”, que habían vivido por donde nosotras, en Hampshire. A la Sra. Hill se lo preguntó otra dama pensando que quizás podría darles información sobre ellos, dada la cercanía de la parroquia asignada a su marido, el Dr. Hill. Esa dama decía que había conocido a la Sra. y a las dos Srtas. Alford en Bath, lugar al que parecía que se habían mudado desde Hampshire. Y ahora deseaba entregarles a las Srtas. Alford algún trabajo o arreglo que había estado haciendo para ellas. Pero la madre y las hijas habían abandonado Bath, y la dama no sabía dónde se habían ido. Mientras mi madre nos contaba esto, se nos ocurrió que probablemente se trataba de nosotras, y esto la ha dejado bastante sorprendida… (faltan dos líneas cortadas)… probable, y casi indispensablemente que seamos nosotras, pues menciona que el Sr. Hammond tiene ahora la parroquia que había tenido el padre. No se me ocurre quién puede ser nuestra amable dama, pero me atrevo a decir que los trabajos no van a ser de nuestro agrado.

P.D. Distribuye todo el cariño de mi corazón, que no está tan cansado como la mano derecha que le pertenece. Tuya sincera y afectuosamente.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press
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Un comentario »

  1. I every time spent my half an hour to read this weblog’s articles daily along with a mug of coffee.

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