Jane y la costumbre de escribir cartas


Si bien es cierto que quizás con los libros de Jane hubiera sido suficiente para comprender la profundidad del análisis de la conducta humana y el dominio del lenguaje de la escritora, sus cartas, tan privadas e íntimas, son las que nos dan la medida de quién era Jane. Gracias a ellas sabemos lo que hacía, dónde estaba, cómo pasaban sus días, qué opinión tenía de sus vecinos, de sus viajes, de sus hermanos y cuñadas, de sus fiestas, de sus estados de ánimo…

Escribir cartas en la época de Jane era parte esencial de la vida privada y también de la vida social. Ya estamos viendo al leer sus cartas que se escribían prácticamente a diario, y en ocasiones a más de una persona en el mismo día. Se mantenían al tanto de todo lo que ocurría y en ocasiones se convertían en una especie de boletín informativo. Así, era habitual que las noticias que llegaban de Londres o de algún otro lugar importante fuesen leídas no solamente por los receptores de la misiva, sino que ésta solía pasarse para su lectura y regocijo general.

Escribir cartas resultaba caro. El papel no era precisamente barato y es por eso que Jane (y en general todos los que escribían en aquella época) intentaba juntar palabras y frases, escribiendo en todos los márgenes, y economizando al máximo para no excederse en la extensión en papel de sus escritos. Por aquel entonces no había sobres preparados y había que doblar las cartas cuidadosamente, poniendo el nombre del destinatario en el centro y sellando los bordes con cera para conservar la privacidad del contenido.

Tampoco había sellos, y normalmente era el receptor el que pagaba el importe del franqueo. Cuanto más volumen, más caro. En Londres existían locales de «dos peniques», de manera que el que enviaba la carta pagaba uno, y el que la recibía pagaba el otro. Los carteros llevaban unos abrigos azules y solían recorrer las calles haciendo repicar una campana para que aquellos que lo necesitaran les entregaran sus cartas, que ellos recolectaban en una especie de cartera.

Sabemos por su sobrina Caroline, que Jane era muy cuidadosa con sus escritos. Incluso de esto hacía un arte: el cuidado de su caligrafía, su manera de doblar el papel de manera que todas las esquinas coincidieran y los dobleces fueran perfectos; y de sellarlo
milimétricamente de manera que la cera ocupase su lugar exacto.

También era habitual utilizar unas pequeñas agendas en las que se iban tomando notas cotidianas. Se sabe que Jane las utilizaba pero, desafortunadamente, y no señalaremos a nadie…. desaparecieron tras su muerte.

Fuente:

Le Faye, D. (2003) Jane Austen. The World of her novels. Ed. Frances Lincoln

5 comentarios sobre “Jane y la costumbre de escribir cartas

  1. Que interesante saber tanto a acerca de las misivas de la epoca de Jane!!!! Creo que habra sido muy entretenido escribir todo detalladamente.Y una vez que llega la carta y uno la lee imaginar todo lo escrito!!!

    1. A mi me suele resultar sorprendente la frecuencia con la que se escribían, que era casi a diario. Teniendo en cuenta que el papel era caro, recibir y enviar estas misivas debía de ser un auténtico ritual y casi una necesidad. Si hubiese habido psicólogos a finales del XVIII y principios del XIX, seguro que le habríamos dado algún nombre a esta cuasi adicción… 🙂

  2. Qué interesante, Mila… sí, el tema de las cartas se refleja mucho en las novelas de JA, en todas siempre están muy presentes, y hasta tienen papeles centrales en los acontecimientos. Llama la atención, al leer las cartas de JA que vos publicás en este blog (GRACIAS! por las traducciones), el nivel de detalle que describen y las trivialidades a las que alude. Cuando uno piensa en una carta de hoy (o mejor dicho, las que escribíamos no hace tanto, previo a la era internet), piensa en un medio para informar cosas más importantes, no tanto «el día a día». Sin embargo, pienso que esa charla trivial que se hacía en esa época pasó a hacerse por teléfono en el siglo XX, y ni que hablar por el e.mail, el sms o el twiter de hoy (que personalmente no entiendo), en el que se comentan las cosas más intrascendentes del mundo. Evidentemente siempre hubo necesidad de comunicar TODO, desde lo más pavo hasta lo más trascendente, y siempre nos lha hemos rebuscado para hacerlo (así sea escribiendo en las márgenes de un papel, como lo hacía nuestra querida Jane). besos!

    1. Es cierto. Y, aparte de los detalles, yo me divierto mucho con la ironía de Jane, los dobles sentidos, las «pullitas» entre hermanas o sobre los vecinos… Algunas son absolutamente geniales, y también es muy bonito cómo jugaban con el lenguaje, cómo se inventaban expresiones, giros lingüísticos,… cómo dramatizaban lo trivial, y cómo relativizaban lo dramático… what a Jane…

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