Jane y la costumbre de escribir cartas

Posted on 03/02/2012

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Si bien es cierto que quizás con los libros de Jane hubiera sido suficiente para comprender la profundidad del análisis de la conducta humana y el dominio del lenguaje de la escritora, sus cartas, tan privadas e íntimas, son las que nos dan la medida de quién era Jane. Gracias a ellas sabemos lo que hacía, dónde estaba, cómo pasaban sus días, qué opinión tenía de sus vecinos, de sus viajes, de sus hermanos y cuñadas, de sus fiestas, de sus estados de ánimo…

Escribir cartas en la época de Jane era parte esencial de la vida privada y también de la vida social. Ya estamos viendo al leer sus cartas que se escribían prácticamente a diario, y en ocasiones a más de una persona en el mismo día. Se mantenían al tanto de todo lo que ocurría y en ocasiones se convertían en una especie de boletín informativo. Así, era habitual que las noticias que llegaban de Londres o de algún otro lugar importante fuesen leídas no solamente por los receptores de la misiva, sino que ésta solía pasarse para su lectura y regocijo general.

Escribir cartas resultaba caro. El papel no era precisamente barato y es por eso que Jane (y en general todos los que escribían en aquella época) intentaba juntar palabras y frases, escribiendo en todos los márgenes, y economizando al máximo para no excederse en la extensión en papel de sus escritos. Por aquel entonces no había sobres preparados y había que doblar las cartas cuidadosamente, poniendo el nombre del destinatario en el centro y sellando los bordes con cera para conservar la privacidad del contenido.

Tampoco había sellos, y normalmente era el receptor el que pagaba el importe del franqueo. Cuanto más volumen, más caro. En Londres existían locales de «dos peniques», de manera que el que enviaba la carta pagaba uno, y el que la recibía pagaba el otro. Los carteros llevaban unos abrigos azules y solían recorrer las calles haciendo repicar una campana para que aquellos que lo necesitaran les entregaran sus cartas, que ellos recolectaban en una especie de cartera.

Sabemos por su sobrina Caroline, que Jane era muy cuidadosa con sus escritos. Incluso de esto hacía un arte: el cuidado de su caligrafía, su manera de doblar el papel de manera que todas las esquinas coincidieran y los dobleces fueran perfectos; y de sellarlo
milimétricamente de manera que la cera ocupase su lugar exacto.

También era habitual utilizar unas pequeñas agendas en las que se iban tomando notas cotidianas. Se sabe que Jane las utilizaba pero, desafortunadamente, y no señalaremos a nadie…. desaparecieron tras su muerte.

Fuente:

Le Faye, D. (2003) Jane Austen. The World of her novels. Ed. Frances Lincoln