MP Capítulo 47

Sinopsis

La tia Norris está en estado de shock por la conducta de Maria, su sobrina favorita. Y, por supuesto, no le falta tiempo para acusar a Fanny de la conducta de aquélla: si se hubiera casado con Henry, nada de esto habría ocurrido. Semejante reproche tan sólo podía salir de una persona tan humanamente miserable como la tía Norris. Que tampoco estaba de acuerdo, por cierto, con la llegada de Susan, a pesar de ser también sobrina suya.

La actitud de Lady Bertram fue completamente distinta. Quería de verdad a Fanny y el hecho de que Susan fuera suLady Bertram Happy hermana le otorgaba a ésta una especie de derechos para recibir igualmente sus afectos.

A partir de ahí, cada uno a lo suyo: Edmund a cuidar de su hermano Tom; Fanny a atender a su tía Lady Bertram; y Susan a familiarizarse poco a poco con la casa y el entorno sin la presión de tener que atender a nadie.

Fanny va enterándose con cuentagotas, a través de Lady Bertram, de todos los detalles de lo acontecido. Más o menos lo que ocurrió fue así:

– Maria se había ido a pasar la Pascua a casa de unos amigos, que eran íntimos de Henry Crawford.

– Julia, por su parte, había ido con otros amigos de los Rushworth, probablemente porque el Sr. Yates se encontraba allí.

– El Sr. Rushworth había ido a Bath a recoger a su madre para llevarla con ellos a Londres.

– Un viejo conocido de Sir Thomas le escribió sugiriéndole que fuera para allá de inmediato, ya que la conducta de su hija María estaba dando lugar a demasiados rumores en la ciudad. No tuvo tiempo, pues en seguida recibió una segunda misiva comunicándole que la fuga ya se había producido, y que sería muy difícil acallar a la madre del Sr. Rushworth, que no podía ver a su nuera y, especialmente, a su doncella.

A Sir Thomas se le había literalmente desmoronado la familia, excepto por un hijo, y una sobrina.

Y a Edmund se le había desmoronado la posibilidad de su futuro matrimonio. Aliarse con una mujer cuyo hermano era el causante de la pérdida de reputación de sus hermanas sería un profundo error. Debía de alejarse de la mujer a la que amaba. Y Sir Thomas decide que Edmund vaya a recoger a Fanny a Portsmouth. No hay mal que por bien no venga.

Cuatro días tardó Edmund en empezar a hablarle a Fanny sobre Mary Crawford y sus sentimientos por ella. Finalmente, le había recibido en Londres, y Edmund tuvo la impresión de que la vida de la ciudad la había estropeado como persona, pues Mary tan sólo vio en la fuga un acto de locura, en vez de una profunda inmoralidad, pues no reprochaba tanto lo que hicieron, sino “cómo” lo hicieron: que no hubieran sido más prudentes, que todo saliera a la luz pública…

Pero aún hay más. No solamente la tía Norris culpabiliza a Fanny de lo ocurrido por no haber aceptado a Henry, sino que es la propia Mary Crawford quien le dice a Edmund que nunca perdonará a Fanny. Es más, le da a entender a Edmund que ahora ya se ha dado cuenta de la calaña de la que está hecha Fanny. A esto se le llama perversidad (darle la vuelta a las cosas, en hacer que lo inocente parezca malvado, y lo malvado, inocente).

Parece ser que Edmund se cae del guindo y, como suele ocurrir cuando uno se la pega, le hace daño. Porque, además, Mary no paró ahí. Habló con Edmund de arreglar y forzar el matrimonio entre Henry y Maria como única solución al asunto, sin que Sir Thomas se entrometiera para separarla de él.

Edmund comprende por fin que la Mary Crawford de la que él se había enamorado había existido tan sólo en su imaginación. Y ante el ataque, ella le dio donde más le dolía: en su profesión. Le dijo que el rechazo de él hacia ella parecía más bien uno de sus sermones. Y Edmund hizo lo que tenía que hacer: darse la vuelta, ignorar su provocación y tomar, por fin, las riendas de su vida en otra dirección. Edmund desengañado

Y luego viene el típico estado de shock: ¿Cómo me pude dejar engañar?¿Cómo ha podido pasarme esto a mí? Pues, querido Edmund, exactamente igual que nos puede pasar a cualquiera cuando alguien se propone engañarnos…

Y ahora… a curarse las heridas… Y que Fanny haga de enfermera.

Análisis y Reflexiones

Pobre Fanny… como le suele pasar a la gente buena y en inferioridad de condiciones, cuando los demás tiene que lavar sus trapos sucios en seguida intentan adjudicárselos a quien es más vulnerable. A nadie se le ocurre pensar que Henry es un sinvergüenza: es más fácil echarle la culpa a Fanny que, como buena persona, no le soltará cuatro frescas a quien intente hacerla cargar con lo que en absoluto le corresponde.

De verdad, propongo que para estudiar la carrera de Psicología, se estudie a Jane Austen. ¡Qué bien describe la perversidad! Y la mente y sus herramientas: la memoria, la atención, la razón, la emoción… Y la capacidad de amar, de ser feliz, como un acto de voluntad y no como consecuencia de la impulsividad o el azar…

¡M-A-R-A-V-I-L-L-O-S-A Austen!

Frases Geniales

.- (la tía Norris en estado de shock) La ventaja de quedarse con su hermana y su sobrino, con toda la casa bajo su cuidado, la había desaprovechado por completo; era incapaz de dirigir o mandar, y hasta de considerarse a sí misma útil para algo.

.- (JA sobre la mejor manera de consolar) Hablar del tremendo caso con Fanny, hablar y lamentarlo, era todo el consuelo de lady Bertram. Escucharla y conllevar sus penas, y brindarle la voz del cariño y la simpatía en respuesta, era cuanto Fanny podía hacer por ella. Intentar consolarla de otro modo era por demás ocioso. El caso no admitía consuelo.

.- Para Fanny no había duda de que Edmund quedaba para siempre apartado de la Srta. Crawford; y sin embargo, en tanto no supo que él pensaba lo mismo, no le bastó a Fanny su propia convicción

 

.- Lady Bertram no tenía profundidad de pensamiento… y no quería ella, ni pretendía que Fanny se lo aconsejara, quitarle importancia a la culpa y a la infamia

.- (Las Sras. Rushworth, suegra y nuera) Las dos damas, incluso dentro del corto lapso que estuvieron juntas, no habían podido congeniar; y el rencor de la suegra contra la nuera podía, acaso, atribuirse tanto a la falta personal de respeto con que fue tratada, como a su sentimiento por su hijo.

.- Sir Thomas, no obstante, prolongó todavía un poco su permanencia en Londres, con la esperanza de descubrir su paradero y arrancarla de una continuada inmoralidad, aunque todo se había perdido por el lado de la reputación.

.- Fanny compadecía de todo corazón a sir Thomas. No le quedaba más consuelo que el de Edmund. Sus otros hijos tenían que desgarrarle el corazón.

.- Era una lluviosa tarde de domingo, momento ideal como no existe otro para, si se tiene a mano a una persona amiga, sentir la necesidad de abrir el corazón y contarlo todo

.- (Edmund sobre lo que le comentó Mary sobre el asunto) ¡Examinarlo todo con aquella complacencia, con tanta ligereza, con tanta frialdad! ¡Nada de repugnancia, ni horror, ni femineidad! ¿He de decir, acaso, sin púdica aversión?

.- (Edmund a Fanny sobre el engaño de Henry) parece haber sido un misericordioso designio de la Providencia que el corazón que nunca conoció el engaño no tenga que sufrir.

 

.- (Edmund sobre Mary Crawford cuando culpabiliza a Fanny) El mal yace más adentro…, en su total ignorancia, en no tener siquiera sospecha de tales sentimientos, en una perversión de la mentalidad que hace que para ella sea natural tratar el caso como lo hizo…. Sus defectos hay que achacarlos a falta de principios, Fanny; a un embotamiento de la sensibilidad y a una mente corrompida

.- (Edmund) Tal vez sea mejor para mí, ya que poco puedo lamentar el haberla perdido. No es así, empero. Con gusto me sometería al dolor más completo que pudiera representar su pérdida, antes de tener que pensar de ella como pienso

.- (Edmund) Todo esto me convenció, muy dolorosamente, de que nunca la había comprendido hasta entonces, y de que, en lo que atañe al espíritu, había sido en la mujer creada por mi imaginación, no en la Srta. Crawford, en quien yo había sido capaz de soñar durante tantos meses

.- (Edmund a Mary Crawford) le deseaba felicidad y esperaba formalmente que pronto aprendiera a pensar con más rectitud, y que no tuviera que deber el conocimiento más preciado que se puede adquirir (el conocimiento de nosotros mismos y de nuestro deber) a las lecciones del sufrimiento

.- ¡Y éste fue el fin de nuestras relaciones! ¡Y qué clase de relaciones han sido! ¡Cómo me dejé engañar! ¡Tanto me engañé en el hermano como en la hermana!

.- la vanidad de Edmund no era tan recia como para luchar largo rato contra la razón

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