Mansfield Park. Capítulo 19. Sir Thomas ha vuelto de buen rollito…


MP Capítulo 19

Sinopsis

La llegada inesperada de Sir Thomas a unos les produjo espanto, a otros fastidio, y a otros como el Sr. Rushworth, un auténtico alivio. Por cierto, a Henry Crawford le resultó completamente indiferente, y prosiguió con su ensayo apretando la mano de Maria contra su pecho.

Las tornas habían cambiado. Julia era la única que podía presentarse ante su padre sin ningún temor. ¡Toma ya! El resto de los hermanos Bertram hacen piña para ir a hablar con el padre y el Sr. Rushworth queda como un auténtico pelele: “¿Qué debo de hacer yo?” Un hombre que se viste por los pies lo tendría muy claro. Sólo el empujón de Henry Crawford le animó a seguir a su prometida.

Tras despedir a los hermanos Crawford, Fanny se presentó ante su tío, que la recibió con un cariño que hastaSir a ella la sorprendió. Sir Thomas estaba contento de estar de nuevo en casa. Y Lady Bertram literalmente resucitó ante la presencia de su marido.

Es su esposa quien le cuenta alegremente cómo se han estado divirtiendo los chicos. Tom sale en seguida al quite minimizando la importancia de la obra y llevando la atención de su padre a la caza de faisanes en los bosques de Mansfield. Tuvo éxito en este primer intento, pero fue después del té cuando su padre se levantó para echar un vistazo a las habitaciones. Tan rápidamente que los hermanos no tuvieron tiempo de reaccionar. Sir Thomas encontró en el escenario al Barón en pleno arrebato declamatorio, que ante su presencia se convirtió poco a poco en el humilde Sr. Yates. Tom contempló la escena bastante divertido.

Sir Thomas venía de buen humor y estaba dispuesto a hacer la vista gorda. Pero el Sr. Yates, que no distinguía bien quién era el señor de la casa y quién el invitado, se extralimitó en sus explicaciones y sus invitaciones, de manera que Sir Thomas, de buen rollito, les dijo a todos que no se haría ni un solo ensayo más en esa casa. Previamente, le había dirigido a Edmund una mirada fulminante al más puro estilo Julio César ante Bruto: “¿Tu también, hijo mío?”

El Sr. Rushworth se mete definitivamente en el bolsillo a su futuro suegro cuando comparte con éste su disgusto por la representación. Sir Thomas no podía sentirse más satisfecho con su futuro yerno.

Análisis y Reflexiones

A pesar de lo solemne que es Mansfield Park, no me resulta difícil imaginarme a Jane Austen partiéndose de risa al escribir estas líneas donde se reflejaba el terror de todos aquellos que previamente se sentían tan prepotentes. Los chulines convertidos en conejillos asustados que no sabían hacia dónde correr paraSir Thomas is back esconderse ni qué hacer.

Maravillosa lección de Jane Austen en lo que significa saber estar, no sobrepasar los límites, tener la prudencia de mente y de espíritu de reconocer quién es quién en cada situación… Las escenas de Jane Austen son absolutamente nítidas en cuanto a los personajes, cuál debería de ser su posicionamiento, y dónde se cometen los errores, de pensamiento y de emoción, que llevan a los desenlaces, a veces cómicos, a veces trágicos, de cada situación.

Frases Geniales

.- Mr. Yates… nunca había sido de los que conceden mucha importancia a los derechos de parentesco o a la confianza familiar

.-  (Ante la llegada de Sir Thomas) Tía Norris se sintió defraudada, privada de unas funciones en las que siempre había confiado, ya fuera para proclamar la muerte o la llegada de su cuñado, y estaba ahora intentando ajetrearse sin tener motivo alguno de ajetreo, y procurando hacerse imprescindible donde no se requería más que tranquilidad y silencio.

.- Mr. Yates, carente de intuición para discernir el sentido implícito en las palabras de sir Thomas, o debido a que le faltase un mínimo de prudencia, o delicadeza, o discreción para permitir que éste dirigiera la conversación y esforzarse en estorbar lo menos posible, ya que se le admitía en el grupo, se empeñó en machacar sobre el tópico del teatro.

.- (Sr. Yates explicándole a Sir Thomas sus planes) … relatándolo todo con un tan ciego entusiasmo, que le llevaba no tan sólo a una total inconsciencia de los movimientos de inquietud que hacían la mayoría de sus amigos en sus respectivos asientos (cambios de expresión, gestos de impaciencia, carraspeos…), sino que hasta le impedía ver el semblante que ponía la misma persona a quien se dirigía…

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