11 de Octubre de 1813. Carta de Jane a Cassandra. La plácida vida de Godmersham.


Existe una carta previa, del tres de octubre, donde Jane hablaba con cierta amargura de sus sobrinos. Deirdre Le Faye piensa que esa carta fue una de las que destruyó Cassandra precisamente por los comentarios de Jane.

Hoy hace doscientos años Jane le escribía lo siguiente a su hermana Cassandra desde Godmersham:

Carta de Jane a su hermana Cassandra  (Jane tenía 37 años)

Lunes 11 – Martes 12 de Octubre de 1813

De Godmersham Park a Chawton

Lunes 11 de Octubre

Mi querida Cassandra

Mañana recibirás carta de Edward. Me ha dicho que no te ha enviado noticias para que no interfirieran con las mías, pero no creo que realmente nadie tenga ahora mucho que contar. Nos reunimos finalmente para la cena el miércoles por

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la noche, a la que se añadieron la Sra. y la Srta. Milles, que habían prometido cenar aquí a su regreso desde Eastwell si tenían que volver, y dio la casualidad que coincidió con ese día. Pero la madre y la hija siguen tal y como siempre las he visto. Me gusta la madre, primero porque me recuerda a la Sra. Birch, y segundo porque es alegre y agradable a sus más de noventa años.

El día fue bastante placentero. Me senté al lado el Sr. Chisholme y estuvimos hablando bastante de nada que mereciera la pena ser escuchado.

Ha sido un error fijar la fecha de partida de los Sherer. Ya están listos, pero están a la espera de la respuesta del Sr. Paget.

Le pregunté a la Sra. Milles por Jemima Brydges, y me entristeció saber que se vio obligada a marcharse de Canterbury hace unos meses a causa de sus deudas. Nadie sabe dónde ha ido. ¡Qué familia tan poco próspera!

El sábado poco después del desayuno el Sr. John Plumptre nos dejó para ir a Norton Court. Me gusta mucho. Me da la sensación de que es un joven muy amable, aunque demasiado reservado para todo lo agradable que podría ser. La mayoría de las mañanas salía con los otros dos, a cazar y a calarse. Mañana sabremos si él y unas cien jovencitas vendrán para el baile. Yo la verdad es que no creo que venga ninguna.

Los Deede no pueden venir a vernos pues tienen compromisos en casa. Terminaré con los Deede diciéndote que como no creo que vengan hasta bastante avanzada mi estancia aquí, quizás en mi última semana, no tengo esperanzas de ver a los Moore. No se les espera hasta después de que Edward vuelva de Hampshire.

Ya hemos fijado el lunes 15 de Noviembre para marcharnos.

¡Qué lástima las carreras de Basingstoke! Parece que ha habido para ellas dos días particularmente malos a propósito; y la semana de la Feria de Weyhill tampoco va a empezar muy felizmente.

El sábado pasado nos sorprendió bastante una carta de Anna desde Tollard Royal (casa de su futura cuñada, ndet). Pero por mi parte apruebo perfectamente que haya ido y tan sólo lamento que tengan que ir todos tan lejos para estar apenas unos días.

Hemos tenidos rayos y truenos el jueves de madrugada entre las 5 y las 7. Los truenos no eran muy fuertes, pero sí había bastante descarga eléctrica. Ha comenzado la estación del viento y la lluvia, y probablemente en las próximas seis semanas no tengamos dos días secos seguidos.

Lizzy te agradece mucho tu carta y te responderá pronto, pero tiene tantas cosas entre manos que todavía tardará cuatro o cinco días en poder hacerlo. Éste es el mensaje que me ha dado ella misma, en un tono bastante desaminado.

Tu carta nos gustó mucho, la leímos todos y yo personalmente tres veces, pues me encargué de tomarme la molestia, para aligerar a Lizzy, de leérsela a Sackree y luego a Louisa. Sackree no aprueba en absoluto lo de Mary Doe y sus nueces, más por una cuestión de decoro que de salud. Percibió algunas señales de que George y Henry iban tras ella, y piensa que sería más útil si le dieras un cheque en vez de reprobarla por haberse tomado en serio lo que sea que ellos le dijeran referente a las nueces. Esto, por supuesto, queda entre nosotras tres, en una escena de éxtasis tripersonal.

La Sra. Britton nos visitó el sábado. No la había visto nunca. Es una mujer grande y poco educada, ufana y de modales pretendidamente elegantes.

Estamos seguros de algunas de las visitas de mañana. Edward Bridges va a pasar aquí dos noches en su camino de Lenham a Ramsgate, y viene con un amigo, cuyo nombre desconocemos, pero que se supone que es un tal Sr. Harpur, un clérigo vecino. Y el Sr. R. Mascall va a ir de caza con los jóvenes, por lo que se puede suponer que se quedará a cenar. El jueves cena aquí el Sr. Lushington, que es parlamentario por Canterbury y director del Lodge Hounds, y se quedará a dormir.  En realidad se trata de un conocido del joven Edward. Si puedo, intentaré conseguir de él un franqueo y así podré escribirte cuanto antes. Supongo que el baile de Ashford proporcionará material.

Como en mi última carta escribí con cierta amargura sobre mis sobrinos, me parece especialmente importante por mi parte que les haga justicia ahora. Tengo el enorme placer de decirte que estuvieron ayer en la Eucaristía. Tras haber alabado o culpado a alguien en exceso, pronto se da uno cuenta de algo que indica exactamente lo opuesto.  Ahora, estos dos muchachos que están fuera con los perros de caza llegarán a casa y me disgustarán de nuevo con algún hábito relacionado con el lujo o el fanatismo deportivo, a menos que pueda evitarlo por esta predicción. Se divierten mucho por las tardes haciendo redes para conejos. Se sientan uno al lado del otro, de la misma manera que podrían hacerlo dos tíos Frank.

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Martes.-

¡Oh, Dios mío!¡Qué voy a hacer conmigo! ¡Qué carta tan larga me has enviado! 42 líneas en la segunda hoja. Al igual que Harriot Byron (de Sir Charles Grandison, ndet) me pregunto ¿qué voy a hacer con mi gratitud? No puedo hacer más que agradecértela y seguir. Creo que algunas de tus preguntas han sido respondidas con anticipación. El nombre del pintor de F. Cage es O’Neil.

Nos han divertido mucho tus noticias sobre Shalden, y me han hecho reír a carcajadas los reproches que te haces sobre el asunto de la Sra. Stockwell. Lo que me extraña es cómo Johncock (el mayordomo de Godmersham, ndet), la única persona que había en la habitación, pudo evitar reirse él también. No sabía que hubiera tenido el sarampión. También me ha resultado una novedad que la Sra. Heathcote y Alethea se vayan a quedar hasta el viernes. Se trata de un buen plan y yo no podría haberlo organizado mejor. Me alegro de que hubiera en la casa tantas cosas de su agrado, y espero que inviten a Martha a visitarlas.

Admiro la sagacidad y el gusto de Charlotte Williams. Esos ojos grandes y oscuros siempre analizan bien. Le haré los honores dándole su nombre a una de mis heroínas (luego lo hizo en Sanditon, ndet).

Edward ya ha recibido todos los detalles sobre la casa y se los he leído dos veces. Parece estar bastante satisfecho. El único asunto sobre el que se muestra diligente es la estrechez de la puerta de la despensa. Desde luego, no es solamente la puerta lo que no debe de ser estrecho, especialmente si se tienen en cuenta las bandejas, pero si tiene que ser necesariamente así, habrá que soportarlo.

Sabía que había bastante azúcar en el tarro, pero no tenía ni idea de que sería suficiente para sobrevivir a tu compañía. Mucho mejor. No deberías de pensar que esta barra de pan es mejor que las anteriores, pues era la primera de cinco que llegaron juntas. Quizás un poco de suposición y otro poco de imaginación. ¡Querida Sra. Digweed! No puedo soportar que no sea bobaliconamente feliz después de un baile. Espero que la Srta. Yates y sus acompañantes estuvieran todos bien el día después de su llegada. Me alegro bastante de que la Srta. Benn haya sido realojada, aunque espero que no sea necesario durante mucho tiempo.

Todavía no he recibido carta de Charles. Estoy leyendo La Vida de Nelson, de Southey. Estoy cansada de las vidas de Nelson, teniendo en cuenta que no me he leído ninguna. Sin embargo, ésta me la voy a leer sólo si mencionan a Frank.

Me encuentro aquí en Kent, con un hermano en el mismo condado, y con la mujer de otro, sin poder ver ni a uno ni a la otra, lo que parece lo menos natural del mundo. Confío en que esto no sea así siempre. Me gustaría que vinieran la mujer de Frank y los niños durante una semana, pero no se ha dicho absolutamente nada al respecto. Me habría gustado que su última visita no hubiera sido tan larga.

Me pregunto si la Sra. Tilson ya habrá dado a luz. Menciónamelo si alguna vez tienes noticias, pues también nos lo dirá Henry en el mismo correo. El Sr. Robert Mascall desayunó aquí. Come bastante mantequilla. Ayer cené ganso, lo que espero que me asegure las ventas de mi segunda edición (de Juicio y Sentimiento, ndet).

¿Tienes tomates? Fanny y yo nos damos un festín todos los días.

Cartas desastrosas de los Plumptre y los Oxenden. Rechazos por todas partes. Todo en blanco. No es seguro que vayamos a ir. Probablemente dependa de la disposición que tenga el Tio Edward (Bridges) cuando llegue, y de las noticias que tengamos esta mañana en Chilham Castle, pues vamos a hacer visitas. Vamos a ir a todas las casas en Chilham y en Mystole. Me gustaría ver a los Fagg. Me agrada todo, excepto el hecho de que vamos a tener que levantarnos tan temprano que no voy a poder escribir como me gustaría.

Me he enterado de que el amigo de Edward Bridges es un tal Sr. Hawker, no Harpur. No permitiría por nada del mundo que te fueras a dormir con un error así.

Mi hermano te envía todo su afecto y te agradece todas tus noticias. Espera que las raíces de la vieja haya estén lo suficientemente profundas para permitir cubrirlas con césped y moho. Lamenta las reparaciones que hay que hacer pero eso permitirá que la puerta tenga el ancho habitual. Quizás haya que estrecharla por un lado, y ensancharla por otro. No hay que darle importancia al aspecto. Y quiere que te diga que será necesario que estés en Chawton cuando él esté allí. Te agradece muchísimo la atención que le estás dedicando a todo. ¿Has pensado en volver con él a Henrietta Street y acabar entonces tu visita?

Cuéntame tus tiernas e ingenuas ideas.

Todo tipo de amor y amabilidad, propia e impropia, son ya suficientes.

Con todo mi afecto.Firma JA

(Añadido de Fanny)

Mi querida tía Cass. Acabo de pedirle a la tía Jane que me deje escribirte algo en su carta, pero como no le gusta no voy a hacerlo. Adiós.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press

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  1. montse dice:

    Muchas gracias por la carta. Chica, hay que ver cómo trabajas en este tema, cada día nos sorprendes con algo nuevo. No hay duda de que es tu pasión. Montse.

    • ¡Me has calado Montse! 🙂 Si, es mi pasión, porque además voy petada de tiempo… pero ya sabes aquello de que sarna con gusto no pica… 😉 Es más, me encanta. Me alegro de que te haya gustado.

      • montse dice:

        Sigue así. Siendo profesora de instituto y madre soltera con un niño de dos años, y trabajando a 400 quilómetros de mi casa y de mis amigos, una de las pocas ilusiones que tengo es refugiarme en Jane y sus obras, que he releído una y otra vez. Por eso, tu blog me abre un mundo lleno de sorpresas sobre mi escritora favorita y su vida. Gracias de nuevo y un saludo.

      • Montse me alegra doble o triplemente que esta página te aporte ese momentito de bienestar y de disfrute que seguro que te vendrá muy bien con todo lo que cuentas: madre, trabajadora (con niños bajo tu responsabilidad), con tu niño pequeño, y lejos de tu gente querida y tu red de apoyo emocional. Me hago el cargo y te aplaudo el mérito, que lo tiene, y mucho. Si de alguna manera este blog contribuye a tu solaz, es una magnífica noticia. Bienvenida y espero leerte por aquí a menudo… ¡Todavía me quedan muchas cosas que contar sobre Jane y su familia! 🙂

  2. Hedy Tell dice:

    Dos veces leí la carta, por puro placer de hacerlo. Esa genial despedida, “amabilidad propia e impropia”… Gracias por estas cartas. Y te dejo lo siguiente: “Si el arma principal del hombre contra la mujer es el poder físico y social que tiene sobre ella, entonces la principal arma femenina es su posibilidad de ponerlo en ridículo”. Es imposible que Erich Fromm (autor de esta reflexión), haya leído el capítulo 11 de “Orgullo y… ” ya que nació casi 100 años después. Pero coincide exactamente con lo que concibió la mente preclara de nuestra Jane.

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