24 Enero 1813: Carta de Jane a Cassandra. Mutis total sobre la publicación de Orgullo y Prejuicio.


Jane escribe a su hermana Cassandra quien, finalmente, decidió no cambiar sus planes de ir a casa de su hermano mayor, James, a pesar de la inminencia de la publicación del segundo libro de su querida hermana, Orgullo y Prejuicio.  Tanto en ésta, como en la que recibe de Cassandra, no se hace mención alguna al evento. Ni un ¡qué alegría! o ¡qué nervios! o un ¿cómo te sientes?. Nada. Cero patatero.  (ver aquí entrada sobre la frialdad de Cassandra en estos días).Sir John Carr

Jane menciona el libro Viaje por España de Sir John Carr (1772-1832), que se refiere los lugares en el sur, sureste e islas baleares que realizó el escritor en 1809. Leían tanto libros de los clásicos, como las últimas apariciones impresas. Estaban muy al día.

También llama la atención cómo Jane, como novelista rigurosa, se lee el tratado del Capitán Pasley, de dónde no solamente obtiene información para sus novelas, sino que incluso tiene que hacer una correccion para Mansfield Park sobre la casa de Gobernación en Gibraltar.

De Clarkson, estaba leyendo la Historia de la Abolición de la esclavitud en África, y de Buchanan, Investigaciones Cristianas en Asia. Jane era una viajera implacable… aunque solamente fuera a través de los libros…

Cuando Jane habla de cómo espanta a los bribonzuelos de debajo  de la cama de Martha, probablemente se refería a los perros de la casa.

Jane empezaba también a vislumbrar los beneficios de ganar su propio dinero. El viaje en carreta con sus vecinos le parece casi una tortura. Caminar o correr acompañada de uno de los sirvientes de Chawton le parecía un lujo. Y también empezaba a exasperarle la racanería de su hermana Cassandra, que por ahorrar unas monedas, en vez de enviarle las cartas en el día, prefería esperar a que fuese con la de alguien para ahorrarse el franqueo…

Carta de Jane a Cassandra

Domingo, 24 de Enero de 1813

De Chawton a Steventon

 Jane tenía 37 años

 

Mi querida Cassandra:

Este es exactamente el tiempo que estábamos esperando, siempre que te encuentres lo suficientemente bien para poder disfrutarlo. Me alegrará saber que no te has quedado encerrada en casa  por que haga más frío.

El Sr. Digweed nos ha utilizado de una forma muy mezquina. Como el aspecto de uno va acorde con lo que hace, el suyo es terrible.

Espero que me hayas enviado hoy tu carta, excepto si has tenido la tentación de esperar hasta mañana con el correo del Sr. Chute.

No hemos recibido ninguna carta desde que te marchaste, ni hemos tenido ninguna visita, excepto la de la Srta. Benn, que cenó con nosotras el viernes. Lo que sí hemos recibido ha sido la mitad de un excelente queso Stilton, suponemos que de parte de Henry.

Mi madre se encuentra muy bien y se entretiene bastante tejiendo guantes. Cuando acabe con el par que está haciendo ahora, tiene intención de empezar con otro y, de momento, no quiere ocuparse con nada más.

Nos hemos quedado sin libros. Ella está con el de Sir John Carr, Viajes en España, de la Srta. B., y yo estoy leyendo untravel south spain Ensayo sobre la Policía Militar y las Instituciones del Imperio Británico, del Capitán Pasley, de los Ingenieros. Un libro contra el que protesté al principio, pero que, una vez empezado, me parece que esta maravillosamente escrito y es bastante entretenido. Estoy tan enamorada del autor como en su día lo estuve de Clarkson o Buchanan, o incluso de los dos Sres. Smith de la ciudad. Es el primer soldado por el jamás haya suspirado. Pero escribe con una fuerza y un espíritu extraordinarios. Además, ayer nos llegaron las Cartas de la Sra. Grant, con los saludos del Sr. White. Pero se las he pasado durante dos semanas, con saludos y todo, a la Srta. Papillon. Y con la cantidad de gente que hay en Chawton que lee, o que retiene los libros, me atrevo a decir que no será difícil deshacerse de ellas durante otra quincena más, si fuera necesario.

He aprendido del libro de Sir John Carr que no hay edificio de Gobernación en Gibraltar. Debo de cambiarlo en Mansfield Park.

La reunión del miércoles no fue desagradable aunque, como de costumbre, nos habría gustado haber tenido un mejor anfitrión en la casa, algo menos nervioso e inquieto, y con el que se pudiera conversar más.

A raíz de una nota muy amable que recibí esa mañana de la Sra. Clement, fui con ella y su marido en su carreta. Fuimos muy correctos por ambas partes. Yo hubiera preferido caminar, y no me cabe duda de que ellos también hubieran deseado que lo hiciera. Por la noche, volví a casa con mi querido Thomas, rodeada de lujo. Thomas me resultó muy útil. Éramos once en total, como podrás comprobar cuando hagas tus sumas, con la Srta. Benn y dos caballeros desconocidos, un tal Sr. Twyford, párroco de Great Worldham y que está viviendo en Alton, y su amigo el Sr. Wilkes. No se nada del Sr. T., excepto que es de piel muy morena, pero el Sr. W. fue una incorporación muy conveniente, pues se trata de un joven de trato amable, y buen conversador. Muy joven, pues quizás no tenga todavía 20 años. Es de St. John, Cambridge, y habló muy bien de H. Walter como un erudito. Dijo que se le consideraba el mejor de los clásicos en la Universidad. ¡Cuanto le habría interesado a mi padre!

No pude detectar nada demasiado prometedor entre el Sr. P. y la Srta. P. T. Ella se puso al principio a su lado, pero la Srta. Benn la obligó a moverse un poco más allá. Cuando su plato se quedo vacío, le pidió a él que le diera algo de cordero, pero su petición no fue atendida durante un rato. Estoy segura de que él lo hizo a propósito, pues quizás piense que un estómago vacío esté mejor predispuesto al amor.

Cuando la Sra. Digweed mencionó que había enviado las Peticiones Rechazadas al Sr. Hinton, empecé a explicárselas un poco, y le expresé mi deseo de que la hubieran divertido. Su respuesta fue: “¡Claro, querida! Mucho. Realmente gracioso. ¡La apertura de la casa! ¡Y la aparición de los violines!” Pobre mujer, ¿quién sabe lo que quiso decir? No quise indagar más.

Ahora son los Papillon los que tienen el libro y les está gustando bastante. Su sobrina Eleanor se lo ha recomendado con mucho entusiasmo. Ella misma parece una pretendiente rechazada. Tan pronto como se formó un grupo para jugar al Whist, y hubo amenazas de una mesa redonda, puse a mi madre como excusa y me marché, dejando para la mesa redonda el mismo número que había en casa de la Sra. Grant. ¡Ojalá hubieran sido tan agradables!

Eran más de las 10 cuando llegue a casa, así que no me avergoncé de la delicadeza de mis obligaciones. Puedes estar segura de que los Coulthard tuvieron noticias tuyas. Siempre están presentes. La Srta. Terry había oído que iban a alquilar la casa del Sr. Bramston en Oakley,  y la Sra. Clement, que iban a vivir en Streatham. La Sra. Digweed y yo estuvimos de acuerdo en que la casa de Oakley no sería lo suficientemente grande para ellos, y ahora nos hemos enterado de que es por la que se han decidido finalmente. El Sr. Gauntlett parece muy agradable, y no tienen ningún hijo.

Las Srtas. Sibley quieren formar un Club del Libro donde ellas viven, parecido al nuestro. ¿No se trata acaso de una prueba irrefutable de la superioridad del nuestro sobre los de Steventon y Manydown, tal y como siempre he sentido y previsto? Sus actos no han inspirado nunca ser emulados, ni las Srtas. Sibley habían expresado nunca ese deseo en todos los años de su existencia. ¿Cómo pueden compararse sus Biglands y Barrows, sus Macartneys y Mackenzies, al ensayo del Capitán Pasley sobre la Policía Militar del Imperio Británico, y las Peticiones Rechazadas?

He ido una vez hasta Alton caminando, y ayer la Srta. Papillon y yo fuimos andando a visitar a los Garnet. Se invitó

janeaustensequelsblog.wordpress.com

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ella sola de una manera muy sutil a acompañarme cuando fui a pedirle el favor de que nos tranquilizara sobre las Cartas de las Montañas. A mí me pareció un paseo muy agradable. Si para ella no lo fue, que se fastidie, pues me tomé la misma molestia que ella en resultar entretenida. La Sra. Garnet esta bastante bien, y nos la encontramos rodeada de sus niños, tan educados, saludables, y con esos ojos tan grandes. Le llevé una vieja muda y le prometí que le llevaría un juego de sábanas nuestro. Y mi acompañante dejó algo de sus acciones bancarias.

El martes ha cumplido con su cometido y he tenido el placer de leer una carta muy reconfortante. Hay tanto contenido en ella que voy a verme obligada a rellenar toda esta página y probablemente parte de la cubierta. Cuando esté listo mi paquete lo llevaré a Alton dando un paseo. Creo que la Srta. Benn me acompañara. Pasó la tarde de ayer con nosotras. Como sé que Mary tiene cierto interés en que no se vea desplazada por sus vecinos, te ruego que le digas que estuvo cenando el miércoles pasado con los Papillon.; el jueves, con el Capitán y la Sra. Clement; el viernes, aquí; el sábado con la Sra. Digweed, y el domingo de nuevo con los Papillon.

Había supuesto que Martha se encontraba en Barton desde el pasado sábado, pero me satisface más el haberme equivocado. Espero que ahora se encuentre bastante bien. Dile que cada noche espanto a los bribozuelos de debajo de su cama. Notan la diferencia cuando ella no está.

La Srta. Benn se puso anoche su chal nuevo, no se lo quitó en todo el tiempo, y parece que lo esta disfrutando bastante.

“¡Un camino lleno de fango el viernes pasado!”; ¡en qué tierra tan extraña debes de estar! ¡No puedo comprenderlo en absoluto! El viernes aquí tan solo estuvo un poco resbaladizo, debido al poco de nieve que había caído durante la noche. Admito que sí que hizo frío el viernes, pero no fue algo terrible. En general, está haciendo un tiempo de invierno maravilloso, excelente para pasear. ¡No puedo imaginarme qué tipo de lugar puede ser ahora Steventon!

Mi madre le envía a Mary su amor, le agradece sus amables intenciones y preguntas respecto al embutido, y dice que prefiere recibir su parte de los dos últimos cerdos. Tiene el placer de enviarle un par de jarreteras, y está muy contenta por haberlas tenido ya tejidas.  Le daremos a Anna la carta de su parte, en cuanto se presente la oportunidad; de lo contrario, habrá que esperar a que vuelva.

La carta de la Sra. Leigh llegó esta mañana. Nos alegramos de tener noticias tan reconfortantes de los escarlata. ¡Pobre Charles y su fragata.! Pero no era posible que tuviera una, aunque se diera por cierto.

Me cuesta creer las noticias del Hermano Michael. Al menos en Chawton no hemos oído nada.

La Sra. Bramstone es el tipo de mujer que detesto. El Sr. Cottrell se merece a diez como ella. Es mejor que a uno le mientan directamente, en vez de no ser capaz de suscitar ningún interés… (Falta la,página 4 completa)

Firma JA

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press

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  1. Chatsworth dice:

    “A mí me pareció un paseo muy agradable. Si para ella no lo fue, que se fastidie, pues me tomé la misma molestia que ella en resultar entretenida. ”

    Esa Jane 😀

    • Desde luego…. 🙂 Está claro que ella se bastaba solita. Y que ya se le habían pasado las ganas de ir más allá de correcta, si la otra persona no hacía también el esfuerzo de ser cortés, de dar conversación, o de ser agradable.

      La verdad, es que me encanta lo claro que lo tenía todo 🙂

  2. […] Si vais siguiendo las cartas que estoy traduciendo de Jane Austen, o si habéis leído el original o la traducción de la editorial d’Época, habréis visto que se menciona con frecuencia el Whist, un juego de cartas al que solían jugar, bien cuando se reunían con el vecindario, y sobre todo con sus sobrinos (podéis ver una de las cartas AQUÍ). […]

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