Jane le comunica a su querido hermano Frank que su padre acaba de fallecer esa mañana, aproximadamente a las 10.20. Una muerte casi repentina, precedida de pequeños achaques que, en un principio, no parecían pronosticar el desenlace final. El Rev. George Austen se había mudado a Bath con su mujer y sus dos hijas a principios de 1801, probablemente

Rev. George Austen

consciente de que necesitaba prestar algo más de atención a su salud, y aprovechando la circunstancia de que sus cuñados, los Leigh-Perrot, estaban viviendo en la ciudad. En las cartas anteriores ya hemos visto cómo Jane se acomodó con resignación a su nueva vida urbana. Ahora tampoco puede prever que habrán de mudarse a algún otro sitio, y que su vida, una vez más, estará itinerante y, ahora más que nunca, al fallecer su padre, dependiente de la buena voluntad de sus hermanos varones. La verdad es que el comportamiento de éstos con su madre y hermanas fue siempre ejemplar. Os dejo con esta triste carta de Jane, desde los ya conocidos para las lectoras de las cartas previas Green Park Buildings, a su hermano Frank que estaba en Portsmouth. El Rev. George Austen fue enterrado en la cripta de la reconstruida iglesa de St. Swithin’s, donde hay una placa conmemorativa al lado de su lápida.

(Para más detalles:

http://www.bath-heritage.co.uk/austen_george.html)

Carta de Jane a su hermano Frank  (Jane tenía 29 años)

Lunes 21 de Enero de 1805

De Bath a Portsmouth

Mi queridísimo Frank:

Tengo noticias tristes que contarte, y te acompaño en el sentimiento que te produzca su conocimiento. Me gustaría haber podido preparate mejor para las mismas. Pero con lo que te he dicho, tu mente ya se habrá anticipado al tipo de evento que tengo que comunicarte. Nuestro querido padre ha clausurado su vida virtuosa y feliz, con una muerte casi tan

James Cromwell, como Rev. George Austen

libre de sufrimiento como habríamos podido desear sus hijos. El sábado por la mañana se puso enfermo, de la misma manera que en otras ocasiones: tuvo una opresión muy fuerte en la cabeza acompañada de fiebre, temblores violentos y una extremada debilidad. Se le aplicó inmediatamente el mismo remedio a base de ventosas que en circunstancias anteriores había dado tan buen resultado, pero en esta ocasión no tuvo los efectos esperados. El ataque fue más violento, y al principio no pareció mejorar en absoluto con la intervención. Hacia el atardecer, sin embargo, se puso mejor, pasó una noche tolerable, y ayer por la mañana se encontraba tan bien que tuvo fuerzas para levantarse y unirse a nosotras, como era costumbre, a la hora del desayuno, con tan sólo la ayuda de su bastón para caminar. Todos los síntomas habían mejorado tanto que cuando Bowen lo vió a la una, estaba convencido de que se encontraba perfectamente bien. Pero a medida que avanzó el día, todas estas apariencias agradables empezaron a cambiar gradualmente; la fiebre le subió más que nunca, y cuando Bowen le visitó a las diez de la noche, declaró que su situación era extremadamente alarmante. Esta mañana a las nueve estuvo aquí otra vez, y fue su deseo que viniera otro médico llamado Dr. Gibbs. Pero ya se trataba de un caso absolutamente perdido. El Dr. Gibbs dijo que nada, excepto un milagro, podría salvarle, y pasados unos veinte minutos después de las diez, dio su último suspiro.

A pesar de lo duro que ha sido el golpe, podemos sentir ya que nos quedan miles de recuerdos agradables para mitigarlo. A lo que podemos añadir  la conciencia de su valía y su constante preparación para el otro mundo, y el recuerdo de que, comparativamente hablando, no ha sufrido nada. Al estar prácticamente ignorante de su propio estado, le fue ahorrado el dolor de la separación, y casi se marchó sumido en un profundo sueño.

Mi madre está sobrellevando el golpe de la mejor manera posible. Estaba bastante preparada para que ocurriera, y siente todas las bendiciones de no tener que haber pasado por una larga enfermedad. Mi tio y mi tía han estado con nosotros, y nos han mostrado todo tipo de amabilidad imaginable. Mañana me atrevo a decir que seremos reconfortados por la presencia de James, pues acabamos de enviarle un correo Express. También estamos escribiendo, por supuesto, a Godmersham (Edward) y a Brompton (Henry).

Adiós mi queridísimo Frank. Debemos lamentar la pérdida de un padre como el nuestro, o no seríamos mejores que las bestias.

Me gustaría haber podido prepararte mejor, pero ha sido imposible.

Tuya siempre con todo mi afecto.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press
Anuncios