El cuidado de la piel en la época de Regencia

Posted on 15/08/2011

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En muchos pasajes de las obras de Jane Austen oímos hablar del cutis de sus protagonistas, y de un cuidado primario que consistía en evitar que les diese el sol directamente en el rostro, de ahí que llevasen siempre sus sombreros y no saliesen a horas en las que la exposición a los rayos solares pudiera hacer que aparecieran pecas y avejentaran la piel anticipadamente.

Podemos decir que en la época de regencia, a falta de la cantidad de cosméticos con la que contamos hoy en día, primaba la belleza natural, y tenían más éxito los productos que sirviesen para evitar o eliminar las pecas, arrugas, granos y rojeces, que los que pudieran ser utilizados para tapar esas imperfecciones, como los maquillajes.

Para limpieza de cutis:

El primer gesto, limpiar, ya era conocido por las damas de regencia, que utilizaban la Loción de Dinamarca, cuya receta consistía en

Partes iguales de flor de frijol, y agua de las cuatro semillas frías, a saber, madroño, melón, pepino y calabaza, y crema fresca; batir todo junto, y añadir la cantidad de leche suficiente para la limpieza, y aplicar al rostro. 

De : ‘The Toilette Of Health, Beauty, And Fashion’, publicado Allen & Ticknor, 1834, que a su vez lo sacó de  “L’ami des femmes, ou Lettres d’un médecin” por P J. Marie de Saint-Ursin, (Francés) publicado por primera vez en 1804 por Barba, Paris, con una segunda edición en 1805 por  “Barba et L’auteur”, Paris. Parece ser que las mujeres danesas conservaban la juventud del cutis hasta bien entrada la cincuentena, y el resto de las mujeres europeas querían seguir sus “trucos”, aunque por lo visto éstas utilizaban lo que se conocía “Agua de Pichón” que utilizaba carne de paloma en su fórmula.

Como Tónico Facial:

Se utilizaba el Olimpian Dew que probablemente contenía agua de rosas, astringente para cerrar los poros; y quizás benzoina para aclarar la piel, junto con flores de azahar y junco.

Un Remedio de Emergencia:

Para granos inoportunos y eventos inesperados, se utilizaba La Loción de Gowland. La preparaba Macdonald, Humbert  y co.,

Loción de Gowland

en Longacre, a 2,3 chelines la pinta. Ninguna dama que se preciase prescindía de ella, aunque los médicos también advertían de sus riesgos, pues contenía mercurio y plomo. La receta consistía en almendras amargas, azúcar, agua destilada al que se añadían los componentes químicos corrosivos y corregidos con vino.

Está visto que lo de “para lucir hay que sufrir” no empezó precisamente con la depilación a la cera, como podríamos pensar hoy en día. Me gustaría saber cuántas caras bonitas quedaron dañadas con estos ungüentos utilizados atolondradamente.

Para hidratar y nutrir el cutis:

Ya en los periódicos de la época se anunciaban las fórmulas mágicas y milagrosas para conseguir ese cutis perfecto, y también la codicia de los vendedores hacía que muchas de ellas incluyesen productos venenosos como plomo y mercurio, como el Bloom de Ninon de L’Enclos:

Ninon de L’Enclos

Delicadeza de Cutis.—El incomparable BLOOM of NINON DE L’ENCLOS, superior a todo lo conocido hasta ahora para hacer que la piel se vuelva suave, aterciopelada y completamente bella. Sus efectos maravillosos para eliminar pecas, verrugas, etc. le otorgan el derecho a ser preferido por los cutis más elegantes de este reino. Se recomienda particularmente para las manos y los brazos, a los que concede una delicadeza y blancura superior a cualquier otro producto en venta para este propósito. Venta exclusivamente en  Mr. Golding, 42, Cornhill; Mr. Overton, 47, Bond-street; Mr. Wright, Wade’s Passage, Bath; y Miss Grigson, Liverpool; 4 chelines cada botella. (se sabe que su fabricación apenas salía por un penique)

Fuente: The Times, 20 June 1805

Este producto fue introducido en Inglaterra desde Francia en 1782 por la Srta. Louis Pigout de Paris, acreditando que había sido utilizado por Ninon de L’Enclos (escritora y cortesana francesa del siglo XVII), y por la misma reina Maria Antonieta. Pronto los médicos se echaron las manos a la cabeza y empezaron a desaconsejarlo. No hay registros de que nadie muriese por ello, pero se sabía que el uso regular de plomo en el rostro hacía que los músculos se paralizasen y lo dejasen inexpresivo (¿bótox del siglo XVII? ¡guau!) (se puede leer en inglés el artículo más amplio aquí)

Pero, “lo más” de la época era la Leche de Rosas:

Ya en 1819 lo denominaban uno de “los cosméticos más deliciosos de Europa”, que no contenía sustancias perniciosas. Según el  The new family receipt book la preparación de la Leche de Rosas de Warren era de la siguiente manera: 

“Dos onzas de agua de rosas, una cucharada de té de aceite de almendras dulces y doce gotas de aceite de ácido tartárico deben de ponerse en una botella y agitarse hasta que esté todo ligado.” Es mejor mantenerlo en un lugar fresco.

En los links que os pongo a continuación encontraréis más recetas, pero, por si acaso, aviso de que no me hago responsable si alguna decide ponerse manos a la obra y echarse alguna de estas fórmulas. Consultar antes con el farmacéutico o la estheticienne. Please….

Respecto a Jane Austen y su hermana Cassandra, no parece que hayan sido consumidoras de este tipo de productos pues, como nos rememoraba su sobrina Caroline  “no se conocía a sus tías por su buen gusto en el vestir, y adoptaron el estilo más apropiado para mujeres más mayores que ellas antes de tiempo.  Eran especialmente correctas y les desagradaba particularmente cualquier indicio de suciedad.”  Al menos a Jane le quedaba una voz que envolvía a quién la escuchaba recitar o leer novelas…

Fuentes:

Para las noticias de remedios médicos antíguos:  http://thequackdoctor.com/

Para las noticias de regencia: http://hibiscus-sinensis.com/regency/skincare.htm