Jennifer Ehle, la deliciosa Elizabeth Bennett de la versión de Orgullo y Prejuicio, es una magnífica actriz inglesa, que obtuvo el premio BAFTA del año 95 precisamente por su interpretación de la protagonista de la novela de Jane Austen. Lo debió de considerar un buen premio, pues reconoce que aprender los diálogos fue para ella casi como aprender un nuevo idioma, pues Jane Austen construía frases muy largas y en las que el sentido de lo que quería decir se descubría prácticamente al final.

Al contrario de lo que le ocurrió a Colin Firth, Jennifer tuvo muy claro desde el principio que el papel de Lizzy era un auténtico privilegio. Como ya comentó el actor, Jane Austen es considerada “cosa de chicas” y, efectivamente, Jennifer ya había leído a la escritora cuando tenía unos 12 años, y se enamoró de los dos: de Darcy y de Lizzy.

De su protagonista piensa que es un modelo a seguir: independiente, de espíritu libre en una sociedad en la que no estaba permitido, es muy fácil identificarse con ella.

Cuando la llamaron para el casting, no sabía cuántas otras potenciales Elizabeths había. Estaba muy nerviosa pero disfrutó de la experiencia. El vestido que le pusieron no jugó a su favor, pues era demasiado pequeño y no podía cerrarlo a la espalda, y los cables de los micrófonos tenían que ir en esa zona. El maquillaje y las pelucas jugaron en sentido contrario.

“Tengo que reconocer que engañé al equipo. Como yo soy rubia y Lizzy tenía que ser morena, la noche anterior me teñí las cejas y no me lavé el pelo para que pareciera más oscuro. Todo el mundo no hacía más que repetirme que no se habían dado cuenta del tono de mis cejas, pero les pareció genial, porque así harían juego con la peluca”.

De hecho, el equipo de caracterización tuvo este detalle en cuenta, y decidieron hacer dos pelucas (aunque acabaron con tres). “Como iba a tener que estar utilizando peluca durante cinco meses, decidimos que era mejor que se cortase el pelo muy cortito. El problema era la parte de la nuca, y había muchas tomas en las que esa parte de su fisionomía era perfectamente visible. Contuvimos la respiración unas cuantas veces pero el director de iluminación, cuya mujer es maquilladora, estaba atento a estos detalles y nos llamaba si percibía que algo debía de ser retocado. Al final, todo resultó estupendo”.

Después… la espera. Desde luego, no fue tranquila, hasta que su agente la llamó para confirmarle que le habían dado el papel. “Mis padres me llevaron a cenar para celebrarlo. Pensaba que era la mujer más afortunada del mundo. ¡Me iba a pasar un verano entero siendo Elizabeth Bennett! Solamente tendría cinco días de descanso, pero eso no importaba”

Jennifer se preparó los diálogos a conciencia y con mucha antelación, para sentirse más segura a la hora de interpretar el papel. Todos los días tenía dos horas de  maquillaje y vestuario, por lo que aprendió a quitarse lo más rápidamente la ropa para tener más tiempo para sí misma. “En seguida aprendí a ahorrar tiempo empezando a quitarme las horquillas y alfileres mientras estaba en el aseo”.

Tras diez semanas de rodaje, estaba agotada. Elizabeth aparecía en prácticamente todas las escenas de la serie, y había muchas diferencias físicas y psicológicas entre ambas. En ese momento, tuvieron cinco días de descanso, que dedicó a dormir, dormir y… dormir. La segunda parte del rodaje se la tomó más tranquilamente, e incluso se permitió pequeñas cabezaditas mientras se cambiaba la iluminación o decorados.

La última escena que tuvo que rodar fue con Lady Catherine de Bourgh. “Cuando la terminamos y oí la voz “¡corten!” me quedé en completo estado de shock. No podía creerme que todo había terminado. No era como cuando haces teatro por periodos largos, que dedicas dos horas al papel y el resto del día es tuyo. Habían sido cinco meses de ser Elizabet Bennett la mayor parte del día. Fue bueno volver a mi vida normal, pero tengo que reconocer que me sentía un poco triste. Mi verano como Elizabet Bennett había sido
maravilloso”

Si añadimos que, durante el rodaje tuvo una relación (que no progresó) con Colin Firth, fue desde luego, un verano para recordar… toda la vida.

Fuente:

Birtwistle, S. y  Conklin, S (1995), The Making of Pride and Prejudice, Penguin BBC Books

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