Os recuerdo que James Stanier Clarke era el bibliotecario del Príncipe Regente, y con el que Jane Austen había hecho buenas migas. Él era un gran admirador de la escritora, y para ella, además de clérigo, era un hombre culto y bien relacionado.

 

Mi estimada Dama,

La carta que tan atentamente me hizo el honor de enviar, me fue entregada en Kent, en el pueblo de Chiddingstone, cerca de Sevenoaks, lugar al que fui a resguardarme de todo el bullicio y agitación. Recuperando ánimos para la campaña de invierno, así como fortaleza para soportar los afilados cuchillos que muchos prestamistas están humedeciendo para cortar más de una libra de carne de mi corazón, cuando aparezca “Jaime II”.

james stanier clarkeEl lunes iré a visitar a Lord Egremonts en Petworth, donde los halagos hacia Vd. hace tiempo que se oyen de la forma adecuada. Luego iré a supervisar la fiesta que tendrá lugar en el pabellón (la casa del Príncipe Regente junto al mar en Brighton, n.de. T.) y estaré allí un par de noches. Luego volveré el día de acción de gracias a dar mi sermón a la capilla de Park St. con Green St.

Fue Vd. muy amable al enviarme Emma, algo que no merecía de ninguna manera. Ya ha sido enviada al Príncipe Regente. Tan sólo he leído unas pocas páginas, que han producido mi admiración, pues hay tanta naturaleza, y por las excelentes definiciones de carácter de todo lo que Vd. describe.

Le ruego que siga escribiendo, y que haga que todos sus amigos le envíen apuntes que puedan serle de ayuda, o incluso autobiografías, Memoirs pour Servir, como dirían los franceses. Permítanos tener un clérigo inglés a su propio gusto, para el que se puedan introducir gran número de novedades. Mi querida dama, muestre Vd. cuánto bien  podría hacerse si los diezmos se retiraran por completo, y descríbale enterrando a su propia madre, tal y como yo hice, porque el sumo sacerdote de la parroquia en la que falleció no le pagó a sus restos mortales el respeto que se les debía. Todavía no me he recuperado del disgusto. Lleve a su clérigo al mar, a modo de amigo de algún personaje naval distinguido próximo a la Corte. Después podría hacer como Lesage, y presentar muchas escenas interesantes respecto a los caracteres.

Pero le ruego me disculpe, no puedo escribirle sin desear mencionar de nuevo su genio. Y me temo que no puedo hacerlo sin abusar de su paciencia y de su bondadosa naturaleza.

Desearía que el Sr. Murray consiguiera, si le fuera posible, dos pequeñas obras que me aventuré a publicar mientras estaba en el mar. Se trata de unos sermones que escribí y leí en mitad del Océano, así como la edición que publiqué de”El Naufragio” de Falconer.

Le ruego que se acuerde de que, además de mi estancia en Carlton House, tengo otra que me facilitó el Dr. Barne en el nº 37 de Golden Square, donde a menudo acudo a refugiarme. Hay allí una pequeña biblioteca completamente a su servicio. Si dicha estancia puede resultarle de utilidad a modo de lugar de tránsito cuando venga a la ciudad, me hará muy feliz. Siempre hay allí una sirvienta a su disposición.

Espero tener el honor de enviarle “Jaime II” cuando llegue a su segunda edición, pues es posible que añada algunas notas.

Sinceramente suyo, mi estimada dama,

James Stanier Clarke.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press
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