18 Noviembre 1814: Carta de Jane a su sobrina Fanny Knight. Jane, una consejera amorosa de lujo


Esta carta me parece una joyita. Fanny Knight, la hija de su hermano Edward, parecía estar enamorada. Y digo parecía, y digo bien. Ya entenderéis cuando leáis la carta. Jane tiene algunas frases prodigiosas, y también me gustaría resaltar cómo tienen que esquivar a la controladora tía Cassandra, para que Fanny pueda pedirle consejo a la tía Jane. Para eso, manda la carta vía su padre, Edward, que va con el recado explícito de que se lo tiene que dar a Jane sin que lo vea nadie más. No obstante, Fanny tuvo el buen ojo de disimular la carta entre unas partituras de música, para no levantar sospechas….

Bueno, las cosas del amor. Y, como siempre, una delicia leer a Jane Austen.

Por cierto, otro argumento más para quienes dicen que Jane Austen es romántica. Leeréis cuánto le agrada que su sobrina Anna, recién casada, no se hace empalagosa sobre su recién estrenada felicidad. Jane, simplemente, no soportaba las exageraciones en este sentido. Si hubiera leído algunas de las secuelas y versiones de sus obras de los últimos años, la habríamos ingresado directamente en la UCI en coma diabético de tanto azúcar que tan mal le sentaba.

Y, por cierto, primera edición de Mansfield Park agotada. Jane está lista para negociar sus condiciones económicas con el editor para la segunda edición, algo que era absolutamente inusual en aquella época (que una mujer entrara en las negociaciones, y encima sola. ¡Olé Jane!)

Esta carta se escribió en tres días: el 18, 19 y 20 de Noviembre, así que os la iré poniendo en estas fechas, que es cuando las escribió Jane. El contenido principal está en la de hoy, pero las otras dos también son deliciosas.

Así que, esto es lo que le estaba escribiendo hoy, hace doscientos años, Jane Austen a su sobrina Fanny sobre ese tema que la ha hecho universal: las relaciones afectivas, descritas con un estilo y un lenguaje magistrales.

Carta de Jane a su sobrina Fanny Knight  (Jane tenía 38 años)

Viernes 18 de Noviembre de 1814

Desde Chawton a Godmersham

Mi querida Fanny, albergo tantas dudas como tu respecto a cuándo seré capaz de terminar mi carta, ya que por el momento dispongo tan sólo de pequeños momentos de tranquilidad. No obstante, debo comenzar pues sé que te alegrarás de tener noticias a la mayor brevedad, y la verdad es que yo misma estoy impaciente por escribir algo sobre un asunto tan interesante, aunque tengo pocas esperanzas de escribir algo a tal propósito.

Mucho me temo que tan sólo añadiré poco más a lo que tu ya has dicho con anterioridad.

Ciertamente, al principio me quedé bastante sorprendida, pues no tenía sospecha alguna de que tus sentimientos hubieran cambiado. No me produce reparo alguno decirte que no es

posible que estés enamorada. Mi querida Fanny, estoy dispuesta a reírme de esta idea, a pesar de que no proceda reírse del hecho de que hayas estado tan equivocada respecto a tus propios sentimientos. Y, te lo digo de corazón, desearía haberte advertido sobre ese punto la primera vez que me hablaste de ello pues, aunque no me pareció que estuvieras tan enamorada como tú te creías, sí que me dio la sensación de que te habías vinculado con él hasta tal punto que podría haber sido más que suficiente para tu felicidad. No tenía ninguna duda de que podría aumentar si se le daba la oportunidad.

Y desde que estuvimos juntas en Londres, me pareció que estabas muy enamorada de verdad.

Pero no lo estás en absoluto, y no hay manera de ocultarlo. ¡Qué criaturas tan extrañas somos! Parece que el hecho de sentirte segura de sus sentimientos (tal y como tu misma me dices) ha provocado tu indiferencia.

Sospecho que se produjo algún pequeño disgusto en las carreras, y no me extraña. Sus expresiones en aquel momento no serían aceptables para alguien que tan solo sintiera intensidad, perspicacia y gusto, en vez de amor, tal y como era tu caso. Y aún así, después de todo, me sorprende que el giro que han dado tus sentimientos haya sido tan grande.

Él sigue siendo lo que siempre ha sido, quizás ahora más uniforme y evidentemente entregado a ti. Ésa es toda la diferencia. ¿Cómo tenemos que tomarlo?

Mi querida Fanny, te estoy escribiendo cosas que no te servirán absolutamente para nada. Tengo sentimientos diferentes a cada momento que pasa, y creo que no seré capaz de sugerir ni una sola idea que pueda ayudarte en tu decisión. Puedo estar lamentándome en una frase, y riéndome en la siguiente, pero por lo que se refiere a opinión o consejo, estoy segura de que no podrás extraer ninguna que merezca la pena de esta carta.

Me leí la tuya de principio a fin la misma tarde que la recibí, e hice lo posible por quedarme sola, pues no podía soportar la idea de dejarla una vez que la había empezado. Me invadían la curiosidad y la preocupación.

Afortunadamente, tu tía Cassandra cenaba en la otra casa, por lo que no tuve que hacer maniobras para alejarme de ella. Por lo que respecta al resto, no me preocupaban.

¡Pobre Sr. John Plumptree! ¡Oh, mi querida Fanny! Tu error ha sido el mismo que cometen miles de mujeres. Él ha sido el primer joven que ha mostrado sus sentimientos por ti. Ése ha sido su encanto, y se trata de algo tremendamente halagador. Entre las multitudes que cometen ese mismo error que tu, sin embargo tan sólo puede haber unas cuántas que tengan tan pocos argumentos para lamentarse por ello. El carácter de él y sus sentimientosJP y Fanny no dejan nada de lo que tengas que avergonzarte. Porque, al final, ¿qué puede hacerse? Ciertamente, tu le has animado hasta el punto de hacerle sentir casi completamente seguro de tus sentimientos. Y no demuestras preferencia por ninguna otra persona. Su situación en la vida, familia, amigos, pero especialmente su carácter, su mente tan inusualmente amable, sus principios estrictos, nociones justas, buenos hábitos… tú sabes perfectamente cómo valorar todo esto, que es de primera importancia. Todos estos argumentos hablan con toda su fuerza a su favor. No tienes duda alguna de que también posee capacidades superiores, pues ya lo ha demostrado en la Universidad. Me atrevo a decir que es un universitario con el que tus agradables y perezosos hermanos difícilmente podrían compararse.

¡Oh, mi querida Fanny! Cuanto más escribo sobre él, más cálidos se vuelven mis sentimientos, más siento la auténtica valía de este joven, y me parece más deseable que te enamoraras de él otra vez. Te recomiendo esto muy seriamente.

Quizás exista tal ser en el mundo, uno entre mil, que sea la criatura que a ti y a mí podría parecernos perfecta, en la que la elegancia y el espíritu fueran uno con la valía de la persona; en la que los modales lo fueran del corazón y de la razón. Pero esta persona puede no cruzarse nunca en tu camino y, si lo hiciera, no sería el hijo mayor de un hombre rico, ni el hermano de un amigo especial, o ni siquiera sería de tu propio condado. Piensa en todo esto Fanny. El Sr. J.P. tiene virtudes que no se dan con mucha frecuencia en una sola persona. De hecho, su único defecto parece ser la modestia. Si fuera menos modesto, sería más agradable, hablaría más alto y parecería menos pudoroso. ¿Y no es acaso un buen carácter aquél en el que la modestia es el único defecto? No tengo ninguna duda de que se hará más animado y más parecido a vosotros en la medida que pase más tiempo contigo. Acabará adoptando tus formas de actuar si su corazón te pertenece.

Y sobre si hay algo que objetar a su bondad, o al peligro de que pudiera llegar a ser incluso evangélico, no puedo admitirlo. No estoy convencida del todo de que no debiéramos ser todos evangélicos, y al menos estoy persuadida de que aquellos que lo sean desde la razón y el sentimiento, tienen que ser más felices y encontrarse más seguros.

No tengas miedo a que, al relacionarse con tus hermanos, estos sean más ingeniosos. Es mejor ser sabio que gracioso y, a la larga, quien ríe el último ríe mejor. Tampoco temas a la idea de que se comporte más estrictamente que los otros según los preceptos del Nuevo Testamento.

Y ahora, mi querida Fanny, ya te he escrito bastante sobre uno de los lados de esta cuestión, así que pasaré al otro y te conmino a que no te comprometas con él más allá de lo que estás ahora. Que no se te pase por la cabeza aceptarlo a menos que realmente te guste. Cualquier cosa es preferible o soportable a casarse sin amor. Y si sus deficiencias en los modales, etc., etc., te molestan más que todas sus buenas cualidades, si sigues pensando en ellas, déjalo inmediatamente. Las cosas están ahora en un punto en el que tienes que tomar una decisión en uno u otro sentido. O bien le permites que continúe tal y como está haciendo hasta ahora, o bien optas por, cada vez que estéis juntos, comportarte con una frialdad que llegue a convencerle de que se ha estado engañando a sí mismo sobre ti.

No me cabe la menor duda de que sufrirá mucho, bastante, durante un tiempo, cuando comprenda que debe de dejarte. Pero, como ya debes saber, es mi convencimiento que ese tipo de decepciones no han matado nunca a nadie.

Tu idea de enviarme la carta entre las partituras de música ha sido una artimaña admirable. Ha hecho que todo sea más fácil, pues no sé qué otra explicación podría haber dado

Edward, padre de Fanny

Edward, padre de Fanny

al recibir el paquete. Pues, aunque tu querido papá, de la manera más consciente, lo retuvo hasta que me encontró a solas en el comedor, tu tía Cassandra ya se había dado cuenta de que había traído un paquete que iba a entregar a alguien. Sin embargo, tal y como transcurrieron las cosas, no creo que se levantaran sospechas.

No tenemos noticias recientes de Anna. Confío en que esté cómodamente instalada en su nuevo hogar. Sus cartas han sido muy sensatas y satisfactorias, sin aspavientos sobre su felicidad, por lo que aún me resultaron más agradables. Con frecuencia he conocido a mujeres recién casadas escribiendo de una forma que no me gustaba nada en ese aspecto.

Te gustará saber que la primera edición de Mansfield Park está agotada. Tu tío Henry está insistiendo en que vaya a la ciudad, para fijar un acuerdo sobre la segunda edición. Pero como no puedo marcharme ahora de casa de una manera que resulte conveniente, le he escrito diciéndole exactamente lo que deseo y lo que me complace, y a menos que me obligue, no iré. Soy muy avara y quiero sacar el máximo provecho. Pero como tu estás muy por encima de tener que preocuparte por asuntos monetarios, no te aburriré con los detalles. Los placeres de la vanidad quedan más dentro de tu alcance, y comprenderás los míos al recibir los halagos que de vez en cuando me llegan, a través de uno u otro canal.

(… continuará mañana….)

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press

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  1. montse dice:

    Hola, casi nunca puedo meterme últimamente, pero las cartas me encantan. No hay un libro que las haya publicado todas? En español?

  2. esmeralda dauchet dice:

    amo a Jane estan maravillosa, y tan magnifica a la hora de escribir, me encantan sus cartas

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