Carta de Jane a Cassandra. 21-23 de Abril de 1805. Reorganizando la vida sin su padre…


Cassandra sigue con Martha Lloyd en Ibthrope. El día 16 de Abril, hacía cinco días, había fallecido la madre de Martha, y ya se hicieron planes para que ésta acompañara a las hermanas Austen. Se sabe que intentaron hacer de Celestinas entre Martha y Frank, pero la cosa no prosperó, pues éste se casó con Mary Gibson al año siguiente. Eso sí, tras la muerte de la madre de Jane, parece que la cosa tuvo más éxito (ver aquí).

Por otro lado, Jane ya empieza a ser más consciente del futuro que la espera: una solterona sin lugar y sin valor. Algo que parecía darle igual, mientras siguiera rodeada de los seres con los que se sentía más feliz: su familia.

Carta de Jane a Cassandra  (Jane tenía 29 años)

Domingo 21-Martes 23 de Abril de 1805

De Bath a Ibthorpe

Mi querida Cassandra:

Te estoy muy agradecida por que me hayas escrito de nuevo tan pronto. Tu carta de ayer fue un placer inesperado. ¡Pobre Sra. Stent! Le ha tocado en suerte estar siempre en el medio, aunque debemos de apiadarnos de ella pues quizás, con el paso del tiempo, nosotras mismas nos convirtamos en Sras. Stent, inequiparables a nada y una molestia para todo el mundo.

Nos alegraremos mucho de verte en cuanto puedas salir de allí, pero no espero que vengas antes del 10 o el 11 de Mayo.

Lo que cuentas de Martha es reconfortante, y ahora ya no tenemos que temer que lleguen noticias peores. Si hoy ha sido capaz de ir a la iglesia, ha tenido que ser una auténtica prueba para sus sentimientos, y espero que sea la última de esta intensidad.

Puede que James no sea un hombre de negocios, pero como “Hombre de Letras” resulta bastante eficaz, pues te ha trasladado una comunicación de lo más conveniente a través del Newbury Post.

Tenías bastante razón al suponer que me puse mis mangas de crespón para el concierto, pues las llevé para la ocasión. En la cabeza también me puse crespón y flores, pero no creo que tuviera precisamente buen aspecto.

Mi tía tiene mucha prisa por pagarme el sombrero, pero no la veo con sana intención de darme una buena cantidad. “Si tuviera intención alguna de ir al desayuno en Grand Sidney Gardens, y si hubiera algún grupo al que quisiera unirme, Perrot conseguirá una entrada para mi”.  Por supuesto, declinaré una oferta de esa naturaleza, y todo el servicio que por ello me pudiera brindar es que quede fuera de mi potestad el poder ir bajo cualquier circunstancia, por mucho que ocurra algo que pudiera hacerlo deseable.

Ayer tuve una jornada muy ajetreada, al menos para mis pies y mis medias. Estuve caminando casi todo el día. Fuí a Sidney Gardens apenas pasada la una, no volví hasta las cuatro, y después de cenar fui caminando hasta Weston.

Mi compromiso matinal fue con los Cook, y nuestro grupo estaba formado por George y Mary, el Sr. y la Srta. Bendish que estuvieron con nosotros en el concierto, y la más joven Srta. Whitby; no se trata de Julia, pues está muy enferma, sino de Mary, a quien ya le ha llegado el turno de crecer, tener un cutis bonito y ponerse grandes chales cuadrados de muselina. No me he contado a mi misma expresamente como parte del grupo, pero estuve allí, y mi primo George fue muy amable diciéndome cosas con sentido de vez en cuando, en los intervalos dedicados a tonterías más animadas con la Srta. Bendish, que es muy jovencita y bastante guapa, y cuyos graciosos modales, rapidez de ingenio y comentarios sólidos me trajeron a la mente los recuerdos de mi vieja amistad con Lucy Lefroy.

Hubo una cantidad monstruosa de preguntas estúpidas y de conversación sobre tonterías habituales, pero muy poco ingenio. En el límite entre esto, o el sentido común, se encontraba mi primo George quien, en conjunto, me gusta bastante. El Sr. Bendish parece no ser más que un hombre joven y alto. Me encontré el otro día con el Sr. F. Bonham, y casi sus primeras palabras fueron “Así que, Srta. Austen, su primo ha venido”.

Mi compromiso vespertino y paseo fue con la Srta. Armstrong, que me había visitado el día anterior, y quien a su vez me censuró amablemente por el cambio de modales hacia ella desde que llegó a Bath, o al menos últimamente. ¡Qué desgraciada soy! Por habérseme percibido de esa manera y por haber sido tan maleducada. Pero tenía tan buena disposición y fue tan razonable que pronto la disculpé y, como prueba, me comprometí con ella. Se trata de una chica realmente agradable, así que creo que me puede gustar. Además, la gran escasez que tiene de compañía en casa, que puede hacer que cualquier persona tolerable le resulte importante, hace que le dedique algo más de mi atención. Me esforzaré todo lo que pueda en mantener a mis íntimos en el lugar adecuado y evitar que choquen.

Esta mañana he estado con la Srta. Irvine, pero no está ahora mismo en mi poder el devolverle sus visitas vespertinas. Tengo que hacerlo como buenamente pueda.

El martes vamos a tener una fiesta. A mi sabia cabeza se le ocurrió que aunque mi madre no saliera una tarde, no había razón para que no viese a sus amigos en casa, y que sería tan apropiado realizar la visita a los Chamberlayne, como retrasarla. Por lo tanto, los invité esta mañana, y la Sra. C. fijó la fecha para el martes, y creo que seguramente vendrán todos, lo cual nos disuadirá de la idea de pedirles al Sr. y la Sra. L.P. (Leigh-Perrot) de que se unan a ellos. Hice la invitaciónn a la Srta. Irvine, pero la declinó pues todavía no se siente suficientemente fuerte, y desea estar tranquila, pero su madre se encargará de animar a nuestro círculo.

Bickerton ha estado en casa para las vacaciones de Semana Santa, y vuelve mañana. Es un muchacho muy dulce, tanto en modales como en semblante. Tiene los mismos sentimientos atentos y afectuosos que Fulwar-William quien, a propósito, ya tiene catorce años. ¿Qué vamos a hacer? No he visto nunca a Bickerton sin que su pregunta inmediata sea si he tenido noticias tuyas; de la “Srta. Cassandra” fue su primera expresión. Por lo que puedo saber, toda la familia está muy contenta en Bath, y excesivamente sobrepasada por el calor, o el frío, o cualquiera que sea el tiempo que haga. Siguen con sus Damas y Caballeros, y ahora van a tener una Señorita; Amelia va a tomar lecciones de la Srta. Sharpe.

Entre tantos amigos, haré bien en no meterme en líos. Y ahora ha venido la Srta. Blachford. Me podría haber distraido si se hubiesen quedado los Buller. Los Cook se marchan de Bath la semana que viene, creo, y mi primo se va antes.

Los periódicos han anunciado el matrimonio del Reverendo Edward Bather, rector de algún sitio en Shropshire, con una Srta. Emma Halifax. ¡Qué desgraciado! No se merece una criada de Emma Halifax llamada Betty.

El Sr. Hampson está aquí. Esto debería de interesarle a Martha. Me lo encontré la otra mañana cuando iba (según él) a Green Park Buildings. Me creí que se había olvidado de nuestro número cuando se lo dí en Gay St, y concluí que así fue, pues todavía no nos ha visitado (o lo ha omitido).

La Sra. Stanhope ha alquilado su casa desde mediados del verano, así que nos libraremos de ellos. Ha tenido suerte de poder alquilarlo tan pronto, pues ahora hay un número sorprendente de casas vacías en esa parte de la ciudad.

La Sra. Elliot va a dejar la suya hacia la festividad de San Miguel. Me pregunto si el amigo del Sr. Hampson, el Sr. Saunders, tiene alguna relación con el famoso Saunders cuyas cartas se han publicado últimamente. Estoy bastante de acuerdo con tu opinión sobre la estupidez de seguir escondiendo por más tiempo nuestra asociación con Martha, y siempre que ha habido últimamente alguna pregunta al respecto, he sido sincera. Y he enviado comunicación de ello hacia el Mediterráneo en una carta a Frank. No creo que ninguno de nuestros conocidos más próximos se muestren sorprendidos. Y no puedo suponer cómo los de Martha no lo pudieran, a su vez, tener previsto.

Cuando te diga que hemos estado visitando a una condesa esta mañana, seguro que adivinarás inmediatamente con gran justicia, pero ninguna certeza, que se trate de Lady Roden. Pues no, se trata de Lady Leven, la madre de Lord Balgonie. Cuando recibimos un mensaje de Lord y Lady Leven a través de los Mackay declarando su intención de esperarnos, pensamos que lo correcto era ir nosotras a su encuentro. Espero que no hayamos hecho demasiado, pero los amigos y admiradores de Charles deben de ser atendidos. Parecen muy razonables, buena gente, muy educados y llenos de halagos hacia él. Nos pasaron primero a un salón vacío, y vino en persona su ilustrísima, sin saber quiénes éramos, para disculparse por el error del criado, y para decir él mismo una mentira: que Lady Leven no se encontraba en la casa. Se trata de un hombre alto, con aspecto de auténtico caballero, con gafas y bastante sordo. Después de estar sentadas con él durante diez minutos, nos marchamos. Pero en ese momento, al pasar por delante de la puerta, salía Lady Leven del comedor, y nos vimos obligadas a acompañarla allí, y empezar la visita de nuevo. Es una mujer robusta, con un rostro muy bello. De esta manera tuvimos el placer de escuchar los halagos hacia Charles dos veces más. Se sienten muy agradecidos con él, y le aprecian tanto como para desear que le visite Lord Balgonie una vez que se haya recuperado completamente. El joven se encuentra mucho mejor y se ha ido a Penzance para confirmar su estado de salud. Hay una guapa y pequeña Lady Marianne en el grupo, a quién saludar y preguntar si recuerda al Sr. Austen.

Lunes.-

Parece que la casa de los Cook se ajusta a Isaac, en caso de que quiera reincorporarse a la servidumbre, y que no tenga objeción alguna a un cambio de provincia. Tendrá un buen terreno y una buena ama, y supongo que no le importará tomar un purgante de vez en cuando. La única duda que me asalta es si el Sr. Cook no será un amo desagradable y nervioso, especialmente en los asuntos relacionados con el jardín.

El Sr. Mant todavía no le ha pagado a mi madre el resto del dinero, pero ha recibido últimamente disculpas por ello, con la esperanza de poder cerrar pronto la cuenta.

Hace un tiempo me dijiste que Tom Chute se había caído del caballo, pero estoy esperando a saber cómo ocurrió antes de empezar a sentir lástima por él, pues no puedo evitar sospechar que fue la consecuencia de seguir alguna orden, o de ir a cumplir con algún servicio, o volviendo de él.

Martes.-

No tengo mucho más que añadir. Mi tío y mi tía estuvieron tomando el té con nosotros anoche, y no pude evitar invitarles de nuevo esta tarde, a pesar de mi decidida resolución en lo contrario. Pensé que era de vital importancia evitar cualquier cosa que les pudiera parecer una ofensa. Me alegraré cuando todo haya terminado, y espero no tener que necesitar de nuevo  rodearme de tantos queridos amigos de una sola vez.

Escribiré a Charles en la siguiente valija, a menos que en el interim me digas que tu tengas intención de hacerlo. Puedes creerme si quieres.

Tu afectuosa hermana.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press
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