Tal y como declaraba en sus cartas anteriores, Jane acabó marchándose el jueves por la mañana a casa de su amiga Martha Lloyd. Está de un humor inmejorable, pasándoselo muy bien con su querida amiga. Lejos está de que se le pase por la cabeza que, cuando vuelva de esta visita, su padre le dará la noticia de que se jubila y se marchan de Steventon para irse a vivir a Bath. Se dice que Jane se desmayó y que su amiga Martha, que la acompañaba de vuelta, tuvo que atenderla del disgusto que se llevó. Una de cal y otra de arena… pero, mientras tanto, y todavía a por uvas, está disfrutando de su buena compañía y sacando punta hasta de las cosas más triviales y cotidianas… Una carta con una todavía pletórica Jane…

Carta de Jane a Cassandra  (Jane tenía 24 años)

Domingo 30 de Noviembre y Lunes 1 de Diciembre de 1800

De Ibthrop (la casa de Martha Lloyd) a Godmersham

Ibthrop, Domingo 30 de Noviembre

Mi querida Cassandra:

¿Esperas tener noticias mías el miércoles o no? Creo que las tendrás, o de lo contrario no escribiré pues los tres días y medio que han pasado desde que envié mi última carta no han producido demasiado material que sea suficiente para llenar otra hoja de papel. Pero, tal y como dice la Sra. Hastings, “no perderé la esperanza” y así, al igual que la fiel Maria, quizás te sientas más segura de que, finalmente , el feliz evento tendrá lugar.

Shrewsbury Clock

Estoy aquí desde las tres y cuarto del pasado jueves, según el reloj de Shrewsbury, lo cual estoy afortunadamente capacitada para confirmar pues la Sra. Stent antaño vivió en Shrewsbury, o al menos en Tewksbury.

Tengo el placer de considerarme una invitada muy bienvenida, e igualmente tengo el placer de pasar mi tiempo de manera muy agradable. Martha tiene muy buen aspecto e insiste en que me dé cuenta de que ha engordado. Pero no puedo llevar mi complacencia más allá de creer lo que ella quiera afirmar sobre el asunto.

La Sra. Stent nos deleita con su compañía en la medida en la que nosotras la deseemos, que está siendo más que lo que solía acostumbrar, pero finalmente tampoco resulta una ventaja para nosotras ya que el camino está demasiado sucio incluso para que caminantes tan empedernidas como Martha y yo salgamos de casa. Por lo tanto, estamos obligadas a hacernos compañía mutua desde la mañana a la noche, con muy poca variedad de libros o vestidos.

Tres de las señoritas Debary nos visitaron a la mañana siguiente de mi llegada, pero todavía no he tenido la ocasión de corresponder a su amable gesto. Ya sabes que no es una circunstancia demasiado extraña en este distrito que la carretera de Ibthrop a la casa del párroco esté mucho más sucia e impracticable para ir caminando que el camino desde la casa del párroco a Ibthrop.

Dejé a mi madre bastante bien cuando me vine, y lo hice con órdenes estrictas de que siguiera así. El viaje fue seguro y no demasiado desagradable. Me detuve durante una hora en Andover, que dediqué en su mayor parte a los Sres. Painter

La casa de Andover (donde estuvo Jane Austen) es hoy un museo

y Redding. Veinte minutos fueron dedicados al lote de la Sra. Poore y su madre, y me alegré al verla mejor de aspecto y de ánimo. Ésta última me hizo más preguntas de las que tuve tiempo de responder, y me pareció que la primera estaba demasiado grande, aunque no estoy completamente segura. O está muy grande, o no lo está en absoluto. Se me olvidó ser más cuidadosa en mis observaciones en ese momento, y aunque mis pensamientos estén ahora más centrados en mí por lo que respecta a este asunto, ha disminuido bastante el poder de ejercitarlos con algún resultado. Tan sólo los dos chicos más pequeños estaban en casa; subí las tan altamente ensalzadas escaleras y me dirigí hacia el elegante salón, que supongo que es ahora el apartamento de la Sra. Harrison. Y brevemente hice todo lo que se supone que unas capacidades extraordinarias puedan llegar a hacer en tan poco espacio de tiempo.

Los interminables Debary están, por supuesto, muy bien relacionados con la dama que se va a casar con Sir Thomas, y con toda su familia. Sin embargo puedo perdonarlos ya que la describen favorablemente. La Sra. Wapshire es una mujer viuda, con varios hijos e hijas, una buena fortuna, y una casa en Salisbury, donde la Sra. Wapshire ha sido durante muchos años una distinguida belleza. Ahora tiene veintisiete o veintiocho años y, aunque todavía es guapa, lo es menos de lo que debió de ser. Esto tiene mejores perspectivas que el florecimiento de los diecisiete años. Además, dicen que siempre se ha destacado por lo apropiado de su conducta, sobresaliendo muy por encima de la clase general de las señoritas de ciudad, lo que lógicamente la hizo muy poco popular entre éstas. Espero haber llegado ahora a la auténtica verdad, y que en el futuro mis cartas puedan continuar sin transmitir más contradicciones sobre lo que en ellas se afirmó la última vez respecto a Sir Thomas Williams y la Srta. Wapshire. Me gustaría estar segura de que su nombre es Emma, pero al ser la hija mayor se trata de una circunstancia dudosa. En Salisbury el enlace ya se da por seguro y en breve.

Martha te envía sus mejores afectos y estará feliz de dar la bienvenida a cualquier carta tuya en esta casa, tanto si va dirigida a

enchantedserenityperiodfilms.blogspot.com

ella misma o a mi. Y, de hecho, la diferencia en la dirección no resultará sustancial. A ella le gusta mucho mi vestido, y me ha pedido especialmente que te diga que si me pudieras ver con él durante cinco minutos, está segura de que estarías deseando hacerte uno igual. Me he visto obligada a mencionarte esto, y no he podido evitar sonrojarme durante todo el tiempo que he estado escribiéndolo.

Parte del tiempo y el dinero que gasté en Andover estuvo dedicado a la compra de muselina de batista para una levita para Edward, circunstancia ésta de la que derivo dos reflexiones agradables; en primer lugar, se me ha abierto una nueva fuente de autocongratulación por ser capaz de hacer un regalo tan magnífico y, en segundo lugar, se ha convertido en el medio por el cual he podido informarme de que la preciosa obra de artesanía en cuestión podía ser comprada por 4 chelines y 60 céntimos por yarda, y media anchura.

Martha me ha prometido que volverá conmigo y nuestro plan es tener una capa agradable de escarcha negra para caminar hasta Whitchurch, y allí lanzarnos sobre una calesa, una encima de la otra, de manera que nuestras cabezas cuelguen por la puerta de un lado, y los pies por la otra.

Si todavía no has tenido noticias de que la Srta. Dawes lleva casada dos meses, no me olvidaré de mencionártelo en mi próxima carta. Te ruego que no te olvides de asistir el baile de Canterbury. Te despreciaré de la manera más insoportable si lo haces. A propósito, no habrá ningún baile, porque Delmar perdió tanto en las reuniones del invierno pasado que ha protestado contra la apertura de sus salones este año. He encargado a mis esbirros que me envíen los detalles del baile de Basingstoke. He colocado a mis espías en sitios diferentes para que puedan tomar nota de cuanto más, mejor. Y haciéndolo así, enviando a la Srta. Bigg hasta el mismísimo Ayuntamiento, y depositada mi madre en Steventon, espero derivar de sus distintas observaciones una idea general bastante buena de todo el conjunto.

Lunes.-

Martha acaba de recibir tu carta en este momento. Espero que no haya nada en ella que requiera una respuesta inmediata, porque nos vamos a cenar y ella no tiene tiempo para leer, ni yo de escribir. Tuya siempre.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press
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