Carta de Jane a Cassandra. 11 de Junio de 1799. Jane sigue en Bath dedicada a… ¿nada en particular?

Posted on 11/12/2011

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Jane sigue en Bath. Edward parece mejorar y han prolongado su estancia en la ciudad. No parece que hagan actividades que llamen especialmente la atención de Jane, aunque su buena disposición la hacía acomodarse y mantener el sentido del humor a pesar de la poca estimulación de su estancia allí (no es de extrañar que, cuando su padre decidió trasladarse a Bath en 1800 casi le diese un patatús)… Por cierto, Jane se manifiesta como una pésima compradora… de lo que sea…

 

Carta de Jane a Cassandra  (Jane tenía 23 años)

Martes 11 de Junio de 1799

De Bath a Steventon

Nº. 13 Queen’s Square

Mi querida Cassandra:

Me hizo muy feliz tu carta de ayer. Estoy realmente contenta por que hayas podido quedar apartada de las impurezas de Deane, y tampoco lamento que nuestra estancia aquí se esté alargando. Estoy casi segura de que nos marcharemos la semana que viene, aunque también existe la posibilidad de que nos quedemos hasta el jueves 27. Me pregunto qué haremos con todas las visitas que teníamos previstas para este verano. Me gustaría llegar a un acuerdo con Adlestrop, Harden y Bookham, de manera que la estancia de Martha este verano en Steventon pueda ser considerada como cambio a nuestras visitas respectivas a todos ellos.

Edward ha estado bastante bien durante la última semana, y como las aguas termales no le han sentado mal en ningún sentido, podríamos pensar que finalmente podrá obtener de ellas algún beneficio. Todo el mundo nos anima en esta expectativa, argumentando que el efecto de las aguas no puede ser negativo, y que en muchos casos el beneficio se manifiesta pasado un tiempo, y no en el momento. Se encuentra más cómodo aquí de lo que yo esperaba, al igual que Elizabeth. Pero también creo que a ambos les alegrará marcharse, especialmente a ésta última. Aunque todavía no tengan claro de qué manera.

Y por lo que respecta a la Sra. Piozzi, se me ha pasado por la cabeza escribir toda esta carta siguiendo su estilo, pero creo que no lo haré.

Aunque me has dado poder ilimitado para utilizar tu ramillete, todavía no he decidido lo que haré con él. Por eso, tanto en ésta como en  mis futuras cartas te seguiré pidiendo indicaciones al respecto. Hemos ido a la tienda barata y, en efecto, era muy barata, pero solamente encontramos flores hechas allí, y ninguna fruta. Como, por la misma cantidad que me costaría tan sólo una ciruela de Orléans, podía adquirir 4 ó 5 ramilletes de las primeras, eso quiere decir que por 3 ó 4 chelines podría adquirir más de los que en realidad podría llevar a casa. Y por eso tengo que esperar a tener noticias tuyas de nuevo para tomar una decisión sobre la fruta. Por otro lado, no puedo evitar pensar que es más natural que de la cabeza salgan flores en vez de frutas. ¿Qué piensas tu?

No dejaré bajo ningún concepto que Martha lea de nuevo First Impressions (futuro Orgullo y Prejuicio. N. De T. ) y, de hecho, me alegro bastante de no habértelo dejado a ti. Es muy astuta, pero puedo adivinar sus intenciones: quiere publicarlo con Memory, y un nuevo análisis del mismo le permitiría hacerlo. Con respecto a Fitzalbini, en cuanto yo llegue a casa le concederé que el Sr. Elliot es más atractivo que el Sr. Lance, y que los hombres de tez clara son preferibles a los de tez oscura, pues es mi intención aprovechar cada oportunidad que se me presente para erradicar sus prejuicios.

Está aquí Benjamin Portal, ¡qué agradable!. No sé exactamente por qué, pero la frase ha surgido de una manera tan natural que no he podido evitar escribirla. Mi madre le vio el otro día, pero sin dársele a conocer.

Me alegro de que te haya gustado mi cinta, pues también os habéis alegrado tu y Martha, y así estamos todas contentas. Te he enviado a casa tu capa, y me resulta muy agradable; tan agradable como al menos la mitad de las veces en que se puede decir algo así de algún evento. No sé qué me pasa hoy, que no puedo escribir tranquila. Me disipo entre algún tipo u otro de exclamación. Afortunadamente, no tengo nada realmente especial que contarte.

Una tarde de la semana pasada fuimos caminando a Weston, y me gustó bastante. ¿Qué es lo que me gustó bastante? ¿Weston? No. Sino el “caminar” a Weston. No me he expresado apropiadamente, pero espero que me comprendas.

Últimamente no hemos estado en ningún lugar público, ni hemos hecho nada fuera de la rutina cotidiana del nº 13 de Queen’s Square, Bath. Hoy teníamos que haber salido corriendo a una velocidad inusual para cenar fuera, si no hubiera sido por que, finalmente, no lo hemos hecho.

Hace unos días que Edward renovó sus contactos con el Sr. Evelyn, que vive en Queen’s parade, y fue invitado a una cena familiar, que creo que en principio produjo en Elizabeth un cierto disgusto que la aceptara. Pero ayer la Sra. Evelyn nos visitó y sus modales fueron tan agradables que la idea de ir se volvió mucho más placentero. Los Biggs dirían de ella que se trata de una mujer agradable. Pero el Sr. Evelyn se indispuso ayer, y hoy se encuentra peor, por lo que hemos tenido que cancelarla.

Ya sé que resulta más bien impertinente hacer sugerencias domésticas a la persona que está a cargo de las mismas, pero simplemente me atrevo a mencionar que el molinillo de café será necesario cada día que Edward esté en Steventon, pues siempre bebé café para desayunar.

Fanny manda todo su amor para ti, para el abuelo, para Anna y para Hannah. Es importante acordarse especialmente de ésta última. Edward envía todo su amor para ti, para el abuelo, para Anna, para el pequeño Edward, para la tía y el tío James, y espera que todos tus pavos, patos, pollos y guineas estén bien. Y desea fervientemente que le envíes a él una carta escrita, al igual que Fanny. Y los dos creen que te contestarán. EA “por muchas razones deseaste que nuestra estancia aquí se prolongara más allá del pasado jueves”. Hay algo de misterio en esto. ¿Qué asunto tienes en Hampshire aparte del “ansia” de la que quieres mantenernos alejados?

El Dr. Gardiner se casó ayer con la Sra. Percy y sus tres hijas. Ahora te contaré la historia del velo de Mary, en cuya adquisición te he involucrado tanto que es mi deber hacer cuentas contigo en el asunto de las flores. No tuve dificultad en conseguir un velo de muselina por media guinea, y no mucha más en descubrir más tarde que la muselina era tosca, sucia y arrugada y por lo tanto no podría ser de ninguna manera un regalo conjunto. Consecuentemente, lo cambié tan pronto como pude, y teniendo en consideración a qué estado me había reducido mi imprudencia, me consideré afortunada por haberlo podido cambiar por una cinta negra a 16 chelines. Espero que la mitad de esa cantidad no sobrepase en exceso lo que tenías intención de ofrecer en el altar del afecto a tu cuñada.

Con todo mi afecto.

P.S.: Parece que no te están molestando mucho desde Manydown. Hace tiempo que tengo ganas de discutir con ellos, y creo que aprovecharé esta oportunidad. ¡No se puede negar que son muy caprichosos! Pues les gusta disfrutar de la compañía de sus hermanas mayores siempre que pueden. 

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press