Carta de Jane a Cassandra. 24-26 de Diciembre de 1798: Navidades familiares, buenas noticias, bailes… y algo de cotilleo

Posted on 16/10/2011

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Son las Navidades de 1798. Jane acaba de cumplir 23 años y Cassandra pronto cumplirá 28 (en Enero). Jane se encuentra en Steventon y Cassandra está cuidando de su hermano Edward que no se encuentra muy bien de salud. Ya vimos en otra carta que el padre de Jane iba a escribir al Almirante Gambier (hacer click aquí) para que ejerciese su influencia respecto a los hermanos Austen, Frank y Charles. Reciben excelentes noticias, aunque todavía no pueden ni deben de comunicarlas. Las hermanas Austen todavía albergan el plan de poder «emparejar» a Frank y a Martha (aunque esto ocurriría 30 años después, tras un primer matrimonio de Frank, ocho hijos y el fallecimiento de su primera esposa y de su hermana pequeña).

Hablan también de ropa (que, por cierto, Jane tiene una primera «visión» sobre la conveniencia del pret-à-porter, que todavía tardaría un par de siglos en hacerse realidad), de las buenas obras de navidad, y de lo bien que lo están pasando en los bailes organizados en estas fechas. Cassandra incluso tuvo la oportunidad de cenar con el Príncipe William Frederick, segundo Duque de Gloucester 1805, que estaba en Kent por obligaciones militares).

Una carta larga para su hermana, con mucha información, y la afilada lengua de Jane

Carta de Jane a Cassandra  (Jane tenía 23 años)

Lunes 24 – Miércoles 26 de Diciembre de 1798

De Steventon a Godmersham

Lunes, Noche del 24 de Diciembre

Mi querida Cassandra:

Tengo el orgullo de poder darte algunas buenas noticias, y por ello empezaré mi carta más pronto, aunque no la enviaré antes de lo acostumbrado. El Almirante Gambier, en respuesta a la petición de mi padre, escribe lo siguiente: “Dado que es habitual mantener a los jóvenes oficiales en barcos pequeños, debido principalmente a su falta de experiencia, y a que se encuentran en el proceso de

novembersautumn.wordpress.com

aprendizaje de sus deberes, su hijo continuará en el Scorpion. Pero he mencionado al Almirantazgo su deseo de estar en una fragata y espero que se le traslade a una en cuanto surja una oportunidad apropiada y se considere que ya ha pasado el tiempo suficiente en un barco pequeño. Respecto a su otro hijo, ahora en el London, me alegra poder asegurarle que muy pronto va a tener lugar su ascenso, puesto que Lord Spencer ha tenido a bien mencionar que le incluirá en algunos reajustes que va a proponer en breve relativos a algunas promociones en ese ámbito”.

¡Ahí lo tienes! Ahora ya puedo terminar mi carta, marcharme y ahorcarme, pues tengo la seguridad de que no puedo ya escribir o hacer nada que no te parezca insípido después de esto.

Ahora realmente creo que pronto ascenderá, y solamente deseo que pudiéramos comunicar nuestro conocimiento previo sobre este asunto a quien principalmente concierne.

Mi padre ha escrito hoy mismo expresando el deseo de ser informados si está en su mano, en cuanto el comunicado sea oficial. Tu principal deseo está ahora a punto de cumplirse, y si Lord Spencer pudiera a la vez hacer feliz a Martha, ¡cuánta felicidad proporcionaría a tu corazón!

Le he enviado el mismo extracto de las dulces noticias a Charles quien, ¡pobre! aunque ahora está inmerso en ser tan sólo un humilde ayudante del héroe de esa obra, espero que se sienta satisfecho ante la perspectiva de lo que está siendo preparado para él. Por lo que dice el Almirante, parece que se le ha dejado a propósito en el Scorpion. Pero no me atormentaré más con conjeturas y suposiciones. Los hechos serán mi satisfacción.

Frank no había tenido noticias de ninguno de nosotros durante diez semanas cuando me escribió con fecha 12 de Noviembre, cuando Lord St. Vicents fue trasladado a Gibraltar. Sin embargo, cuando se le envíe el comunicado, no tardará tanto como nuestras cartas, ya que todas las valijas gubernamentales van por tierra desde Lisboa, con gran regularidad.

Volví esta mañana de Manydown y no encontré a mi madre peor que la dejé, en ningún aspecto. No le gusta el frío, pero eso no podemos evitarlo. He pasado unos días muy tranquila en la agradable compañía de Catherine. La Srta. Blachford es lo suficientemente  amable. No quiero que la gente sea muy agradable, pues así me ahorran la molestia de que me tengan que gustar demasiado. Me encontré solamente con ella y con Catherine cuando llegué a Manydown el jueves, cenamos juntas y fuimos a Worting en busca de la protección de la Sra. Clarke, que estaba con Lady Mildmay, su hijo mayor, y el Sr. y la Sra. Hoare.

Nuestro baile fue muy escaso, pero de ninguna manera desagradable. Había 31 personas, de las cuales solamente 11 damas, y de éstas tan sólo 5 solteras. De los caballeros presentes puedes hacerte una idea con la lista de mis parejas de baile: el Sr. Wood, G.

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Lefroy, Rice, un tal Sr. Butcher (de los Temple, marino y no perteneciente a la 11ª de los Dragones Ligeros), el Sr. Temple (no el horrible de ellos), el Sr. William Orde (primo del hombre de Kingsclere), el Sr. John  Harwood y el Sr. Calland, que apareció, como es su costumbre, con el sombrero en la mano, y se puso de vez en cuando detrás de Catherine y mía para que le habláramos, o nos metiéramos con él por no bailar. Finalmente, le molestamos lo suficiente como para que lo hiciera. Me alegró mucho volver a verle de nuevo tras una separación tan larga, y en conjunto se convirtió en el genio y en el objeto de coqueteo de la tarde. Preguntó por ti. Hubo veinte piezas de baile y las bailé todas, sin cansarme. Me alegré de encontrarme capaz de bailar tanto y con tanta satisfacción como lo hice. Desde mi ligero entretenimiento en los bailes de Ashford (que eran Fiestas de Baile) no creía capaz de igualarlo, pero en un clima frío y con unas cuantas parejas, estoy segura de que podría bailar tanto durante una semana seguida como tan sólo media hora.

Mi sombrero negro fue abiertamente admirado por la Sra. Lefroy y me imagino que secretamente por el resto de los presentes en la sala.

Martes.- (25 de Diciembre)

Te agradezco tu larga carta, que me esforzaré en merecer intentando escribir el resto tan junto como sea posible.

Me alegran mucho casi todas tus noticias: que hayas ido a un baile, que hayas bailado, que hayas cenado con el príncipe, y que hayas meditado la compra de una nueva muselina para el vestido son todo deliciosas circunstancias. Yo me he propuesto comprarme una bonita en cuanto pueda, pues estoy tan cansada y avergonzada de lo que tengo en la actualidad que me sonrojo tan sólo con ver el vestidor que lo contiene. Pero no seré difamada durante mucho  más tiempo por la posesión de mi burdo atuendo, pues pienso convertirlo muy pronto en enaguas.

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Te deseo una feliz Navidad, pero no más buenos deseos para las fiestas. ¡Pobre Edward! Debe de ser muy duro para él, que tiene todo lo que se pueda desear en el mundo, estar débil de salud. Pero espero que con ayuda de algunas molestias intestinales, debilidad y enfermedad, quede no obstante muy pronto restaurado  a esa bendición. Si sus quejas sobre los nervios procedían de la supresión de algo que tenía que haber sido expulsado, lo cual parece poco probable, entonces el primero de sus trastornos será realmente un remedio, y espero sinceramente que lo sea, pues no conozco a nadie que merezca tanto la felicidad pura como Edward.

 El estado de ánimo de mi madre no se ha visto afectado por la complicación con otros achaques; más bien al contrario, está tan bien como siempre. No quiero que supongas que se piensa con frecuencia en estos trastornos. A veces ha tenido la tendencia hacia otra que la hace sentir mejor, que es una especie de hinchazón y sensación gotosa alrededor de los tobillos.

No sé qué hacer con mi nuevo vestido. Me gustaría que este tipo de cosas pudiesen comprarse listas para vestir. Espero encontrarme con Martha en el bautizo en Deane el próximo martes, y veré qué puede hacer ella por mí. Quisiera algún tipo de sugerencia que no me procure la molestia de tener que pensar o hacer otra cosa.

De nuevo, vuelvo a la alegría de saber que bailaste en Ashford, y que cenaras con el príncipe. Puedo comprender perfectamente el malestar y perplejidad de la Sra. Cage. Tiene todo ese tipo de sentimientos atolondrados e incomprensibles que le hacen sentir incómoda con esa compañía. Sin embargo, la aprecio a pesar de todas sus tonterías. Te pido que presentes mis respetos de parte de la otra Srta. Austen a Edward Bridges cuando le vuelvas a ver.

Insisto en que te mantengas en tus planes de comprarte un vestido nuevo. Estoy segura de que lo deseas, y como tendrás 5 guineas

bradfordcollege.ac.uk

dentro de una semana, estoy segura de que te lo puedes permitir sin problemas, y si piensas que no puedes, te daré el tejido para el corpiño.

Sobre mis limosnas a los pobres desde que volví a casa, ya tendrás detallada cuenta. Le he dado un par de medias de estambre a Mary Hutchings, la sra. Kew, Mary Steevens y la sra. Staples; una enagua a Hannah Staples, y un chal a Betty Dawkins. Todo ello suma una media guinea. Pero no tengo ninguna razón para suponer que los Battys aceptarían alguna cosa, ya que no les he ofrecido nada.

Me alegra tener tan buenas noticias de Harriot Bridges. Ahora se pasea como tienen que hacerlo las jovencitas de 17 años: admirada y admirando. De una forma mucho más racional que sus otras tres hermanas, que han tenido tan poco de ese tipo de juventud. Me atrevo a decir que le gusta el Mayor Elrington tanto como Warren, y si lo considera así, está muy bien.

Tenía que haber cenado hoy en Deane, pero hace tanto frío que no lamento quedarme en casa por la nieve caída. Vamos a tener compañía para cenar el viernes: los tres Digweeds y James. Supongo que formaremos un grupo agradable y silencioso.

Hazte con las tijeras tan pronto como puedas al recibir esta carta. Tan sólo temo que sea demasiado tarde para asegurar el precio.

Los Señores del Almirantazgo tienen por el momento bastantes peticiones por nuestra parte, pues Charles me ha dicho que él mismo ha escrito a Lord Spencer para que le cambien de barco. Me temo que su alteza serenísima en un arranque pasional pedirá que se corten nuestras cabezas.

Mi madre quiere saber si Edward ha mandado ya construir el gallinero que planificaron juntos.

He sentido gran regocijo por las noticias de Martha de que van a continuar con seguridad en Ibthorp, y acabo de tener confirmación de que voy a verla en el bautizo.

Te mereces una carta más larga que ésta, pero es mi triste destino no poder tratar con frecuencia a la gente tan bien como se merecen. Que Dios te bendiga.

Tuya afectuosamente.

P.S. Miércoles. Ayer la nieve no cuajó, y tuve que ir a Deane. Volví a casa a las 9 de la noche en el pequeño carruaje, y sin demasiado frío. La Srta. Debary cena el viernes con nosotros y con los caballeros.

Fuente:

LeFaye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Oxford University Press