Carta de Jane a Cassandra. 12 y 13 de Mayo de 1801. Jane y sus (poco digeribles para ella) nuevos vecinos


Jane empieza a socializar con su vecindario en Bath. Todavía no se han instalado definitivamente. Está ella sola con su madre, y sus tíos, los Leigh-Perrot, que vivían en Bath. Si la vida en Steventon era demasiado rural, la vida en Bath es demasiado trivial. Curiosamente, su madre se encuentra perfectamente bien de salud. Desde que tomaron la decisión de irse a vivir a Bath, ésta mejoró visiblemente. Se podría interpretar que, con sus hijos criados: James de clérigo, Edward adoptado por los primos ricos, Henry de banquero en Londres, Frank y Charles haciendo carrera en la armada… la vida en Steventon, para una mujer de la clase social de la que procedía, empezaba a hacérsele demasiado pequeña. Había tenido suficiente, y está claro que el cambio a Bath lo vivió con una ilusión que repercutió en su mejoría. Mientras su estado de ánimo subía, el de su hija Jane bajaba…

Carta de Jane a Cassandra  (Jane tenía 25 años)

Martes 12-Miércoles 13 de Mayo de 1801

De Bath a Ibthrop

Paragon, Martes 12 de Mayo

Mi querida Cassandra:

Mi madre ha tenido noticias de Mary y yo las he tenido de Frank. Por lo tanto, ahora estamos al corriente de lo que ocurre en los lugares distantes de nuestro interés. Y espero que te gustará ser informada de una manera o de otra sobre los mismos, pero no me siento muy dispuesta a transcribir lo que han escrito ninguno de los dos.

Me atrevería a decir que sabes por Elizabeth que mi padre y Frank han retrasado su visita a Kippington a cuenta de la ausencia del Sr. M. Austen y van a estar hoy en Godmersham. Y también me atrevería a decir que James debe de estar a estas horas en Ibthorp principalmente para preguntar por la salud de la Sra. Lloyd, y anticiparse a cualquier información que yo pueda dar sobre el estado de las ventas. 61 guineas por tres vacas resulta bastante alentador después del disgusto de tan solo 11 guineas por las mesas. 8 por mi pianoforté, que es lo que yo realmente esperaba obtener. Y estoy deseando saber la cantidad por mis libros, especialmente porque se dice que se han vendido bien.

Mis aventuras desde la última vez que te escribí no han sido muy numerosas, pero en el estado en el que se encuentran, pueden ser perfectamente de tu conocimiento. No nos encontramos con ni una sola criatura en nuestra visita a la Sra. Lillingstone, y tampoco fueron tan estúpidos como me esperaba, lo que atribuyo a que me puse mi sombrero nuevo y tenía muy buen aspecto.

El domingo fuimos dos veces a misa, y después de la de la tarde fuimos dando un pequeño paseo por los campos de Crescent, pero hacía demasiado frío como para quedarse mucho tiempo. Ayer por la mañana fuimos a ver una casa en Seymour St., que parece que pronto se quedará vacía. Como se nos ha asegurado desde distintos flancos que no se sienten los inconvenientes de la proximidad del rio en esos edificios, podemos instalarnos en ella si queremos. Pero esta casa no era muy atractiva. La habitación más grande estaba en el piso inferior y no era mayor de 14 pies cuadrados, orientada al oeste.

Por la tarde espero que te acordaras de elogiar con tu pensamiento mi buen aspecto y mi baile. Me vestí tan bien como pude, y mis finos detalles fueron muy admirados en casa. A las nueve en punto mi tio, mi tía y yo entramos en la sala e invitamos a la Srta. Winstone a unirse con nosotros. Antes del té, se trataba de algo muy aburrido. Pero el “antes del té” no duró mucho, pues tan sólo hubo un baile protagonizado por cuatro parejas. Piensa en cuatro parejas, rodeadas por unas cien personas, ¡bailando en los salones superiores en Bath!. Después del té nos alegramos un poco. La dispersión de los grupos privados hizo que llegara más gente al baile, y aunque resultaba sorprendentemente escaso y con pocas personas para el lugar, también hay que decir que habrían sido suficientes para cinco o seis reuniones en Basingstoke.

Entonces, tuve la ocasión de hablar con el Sr. Evelyn, y de mirar a la Srta. Twisleton. Y me siento orgullosa de decirte que tengo muy buen ojo para detectar a una adúltera, pues a pesar de que se me aseguró repetidamente que “ella” era otra, me dí cuenta desde el principio de quién era la correcta. Un cierto parecido a la Sra. Leigh me sirvió de guía. No es tan guapa como esperaba. Su cara tiene el mismo defecto de calvicie que su hermana, y sus rasgos no son tan bonitos. Se había puesto demasiado colorete, y parecía más tranquila y satisfechamente tonta que cualquiera de los demás.

La Sra. Badcock y dos mujeres jóvenes estaban en el mismo grupo, excepto cuando la Sra. Badcock se sintió obligada a dejarlas y salir corriendo por la habitación detrás de su marido borracho. Él evitándola, y ella persiguiéndole, con la probable intoxicación de ambos, resultó una escena divertida.

Los Evelyn nos devolvieron la visita el sábado. Estabamos muy contentos de volver a vernos, y todas esas cosas. Mañana se van a Gloucestershire, a los amarraderos, durante diez días.

Nuestro conocido Sr. Woodward acaba de casarse con una tal Srta. Rowe, una joven rica en dinero y música.

Te agradezco tu carta del domingo, es muy larga y agradable. Creo que que sabes muchos más detalles sobre la venta que nosotros. No sabemos el precio de nada excepto las vacas, el bacon, el heno, los lúpulos, las mesas, y la cómoda y el escritorio de mi padre. Mary lleva más detalle de sus ganancias que de las nuestras, a pesar de estar probablemente mejor informada que nosotros.

Atenderé al pedido de la Sra. Lloyd, y a su horror por el almizcle cuando la escriba de nuevo. He concedido tres visitas a los Mappleton para preguntarles por su salud, y creo que han sido muy beneficiosas para Marianne, pues siempre me dicen que su estado está mejorando. Su mal es una fiebre bílica.

Me gusta mucho mi vestido oscuro: el color, el corte.. todo. Quiero hacerme ya uno nuevo en blanco, por si tuviéramos que ir a los salones de nuevo el lunes próximo, que va a ser realmente la última vez.

Miércoles.-

Otra reunión estúpida ayer por la noche. Si hubiese habido más gente quizás habría sido menos intolerable, pero había tan sólo las suficientes personas para una mesa de cartas, con seis mirando al juego, y decirse tonterías unos a otros. Ly Fust, la Sra. Busby y una tal Sra. Owen, que se sentó con mi tío para jugar al julepe durante cinco minutos después de que entraran los tres viejos gallitos, y allí se quedaron sentados con el único cambio del Almirante Stanhope por mi tío, hasta que se anunciaron sus sillas.

De ningún modo puedo continuar haciendo el intento de encontrar a la gente agradable. Respeto a la Sra. Chamberlayne porque se peina bien, pero no puedo sentir ningúna otra emoción más tierna. La Srta. Langley es como cualquier otra chica bajita con una nariz ancha y una boca grande, vestidos a la moda y busto al descubierto. El Almirante Stanhope es un hombre gentil, pero tiene las piernas demasiado cortas y la cola de su levita demasiado larga. La Sra. Stanhope no pudo venir, pues creo que tenía una reunión privada con el Sr. Chamberlayne, a quien deseo ver más que a ningún otro del grupo.

Mi tio está bastante mejor de su cojera, o al menos lo único que queda es que camina con un bastón. Él y yo pronto haremos nuestra visita planificada desde hace tiempo a la esclusa (del canal), y el viernes vamos a acompañar a la Sra. Chamberlayne y a la Srta. Langley a Weston. Mi madre recibió ayer una carta de mi padre. Parece que el plan de W. Kent se ha descartado por completo. Habla de pasar una quincena en Godmersham para después volver a la ciudad.

Tuya siempre.

P.D. Excepto por un pequeño resfriado, mi madre está muy bien. No tiene ninguna queja de fiebres o males bílicos desde que llegó.

Nota: la traducción la ha realizado la autora del blog, no con objeto literario, sino por el contenido del estado físico y/o anímico de Jane Austen, por lo que es susceptible de mejoras en el estilo, la interpretación o la traducción de algunos términos.

Fuente: Le Faye, D. (1995), Jane Austen’s Letters, Ed. Oxford University Press

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